En muchas regiones agrícolas, la actual campaña viene mostrando una escena repetida: cosechas "pesadas" en rinde, una logística al límite y monotolvas cargadas al máximo transitando sobre lotes húmedos. Sin embargo, desde la Red Compactación Cero de Aapresid advierten que el verdadero riesgo no es solo el dilema de entrar o no entrar al lote, sino el daño estructural que queda escondido debajo de la superficie y que puede arrastrarse durante varias campañas.
"Cuando el suelo está muy húmedo pierde capacidad para soportar cargas sin deformarse", explica el Ing. Agr. Pablo Bessón, cofundador de la Asociación Argentina de Tránsito Controlado Agrícola (AATranCA) junto al Ing. Agr. Lisandro Repetto, quienes lideran la mesa de expertos de la Red. Bessón aporta un dato contundente sobre la intensidad del uso del suelo en esquemas de tránsito aleatorio: "En una rotación trigo/soja-maíz, el tránsito acumulado de maquinaria puede llegar a cubrir prácticamente el 100% de la superficie en apenas dos años". Bajo este manejo, algunas zonas pueden recibir ocho, nueve o más pasadas de maquinaria pesada, provocando un colapso silencioso de la estructura física del suelo.
Gráficas de huella sobre operaciones de siembra, pulverización, fertilización y cosecha de una rotación Trigo/Soja - Maíz. Fuente: Aapresid.
Las señales del colapso: de 40 a 5 milímetros
Desde la Red advierten que lo más complejo de la compactación es que muchas veces permanece invisible hasta que aparece una campaña seca. Es ahí cuando se evidencian raíces deformadas, menor exploración del perfil y cultivos que "se caen" anticipadamente frente al estrés hídrico. El impacto físico en el suelo se traduce de inmediato en un grave problema tanto hídrico como económico para la empresa agropecuaria. Por un lado, la compactación actúa como un freno drástico a la infiltración, provocando que la capacidad del suelo para absorber agua se desplome de un ritmo normal de 30 o 40 mm/hora a menos de 5 mm/hora. Por el otro, esta falta de penetración del agua y la consecuente dificultad para la absorción de nutrientes impactan de lleno en el bolsillo del productor, ya que las investigaciones demuestran caídas de entre el 10% y el 30% en los rendimientos de lotes con este tipo de daño estructural.
La logística de cosecha bajo la lupa
El momento de la recolección es crítico si se tiene en cuenta que la circulación combinada de la cosechadora y la monotolva puede llegar a pisar entre el 30% y el 45% del lote. Para mitigar este impacto, los especialistas recomiendan no ver a la cosecha como una carrera contra el reloj, sino como el punto de partida para ordenar el tránsito. En ese sentido, la primera gran decisión pasa por definir el momento exacto de ingreso al lote a través de un método tan simple como efectivo: el test del "fideo". Esta prueba consiste en tomar un trozo de suelo de los primeros centímetros e intentar moldear una cinta con la mano; si la masa no se resquebraja ni se corta, significa que el perfil todavía está demasiado húmedo y el riesgo de deformación es muy alto.
Decidido el ingreso, ordenar la dupla cosechadora-monotolva es una de las herramientas de manejo más eficientes a corto plazo. Cuando la monotolva sigue exactamente las huellas de la cosechadora utilizando una bandeja de captación, la superficie transitada puede reducirse prácticamente a la mitad. A esta sincronización se debe sumar un ajuste riguroso en la presión de los neumáticos, clave si se considera que en muchos equipos todavía se trabaja con ruedas infladas a 45 o 60 PSI que adquieren la dureza de las de un tren. El objetivo central debe ser aumentar la superficie de apoyo para repartir el peso sobre una mayor área, terreno donde tecnologías como los neumáticos radiales, los sistemas IF/VF y las cubiertas de alta flotación marcan la diferencia. En el caso específico de las monotolvas, estos rodados pueden reducir casi a la mitad la presión ejercida sobre el suelo en comparación con los diagonales. Como estrategia extra para situaciones de barro extremo, los técnicos aconsejan resignar algo de eficiencia logística y bajar la carga de la monotolva al 70% u 80% de su capacidad.
Mirando al mediano plazo: Tránsito Controlado
El salto cualitativo definitivo radica en la adopción del Tránsito Controlado Agrícola (ATC). Según los especialistas de la Red, mediante este sistema las huellas de las maquinarias se reducen a apenas un 30% o 40% de la superficie total, quedando el resto del lote completamente libre de pisoteo permanente. Con el tiempo, esta planificación se traduce en una mayor actividad biológica, óptima infiltración y aumentos documentados de rendimiento cercanos al 15%.
