Plaga agrícola

Sin control efectivo, el jabalí agrava su impacto en el agro

La falta de coordinación entre provincias y de infraestructura formal limita su manejo, mientras los daños ya alcanzan cifras de hasta US$1.600 millones, en un escenario que, según advirtió Francisco Pescio, docente de la FAUBA, tiende a una expansión descontrolada

10 Jun 2026

Considerada una de las especies invasoras más problemáticas del mundo, el jabalí continúa expandiéndose en Argentina sin un esquema de control efectivo, generando daños económicos millonarios y crecientes riesgos sanitarios.

Según estimaciones recientes, las pérdidas asociadas a esta especie, entre daños a cultivos, instalaciones, criaderos y accidentes, oscilan entre 1.100 y 1.600 millones de dólares anuales.

Francisco Pescio, docente de la Cátedra de Producciones Animales Alternativas de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA), analizó en diálogo con el portal Sobre la Tierra la situación y advirtió que el país enfrenta un escenario de expansión descontrolada.

Francisco Pescio, docente de la Cátedra de Producciones Animales Alternativas de FAUBA.

Una especie invasora sin freno

Introducido en Argentina a comienzos del siglo XX con fines cinegéticos, el jabalí encontró un ambiente propicio para su desarrollo, caracterizado por la ausencia de depredadores naturales, su alta capacidad de adaptación y condiciones ecológicas favorables. En las últimas décadas, su crecimiento se aceleró significativamente, al punto de ser considerado una plaga agrícola en varias provincias, entre ellas Buenos Aires.

No se cuenta con un número preciso de su población, lo que dificulta dimensionar el problema. A esto se suma el cruce con cerdos domésticos, una situación frecuente que genera animales híbridos con comportamientos más agresivos y características físicas similares al jabalí, lo que agrava el impacto productivo y sanitario.

Riesgos sanitarios y producción limitada

En este contexto, a diferencia de otras especies silvestres, el jabalí presenta riesgos sanitarios relevantes. Puede transmitir enfermedades como triquinosis, hepatitis y peste porcina, tanto a los cerdos como a los seres humanos, lo que convierte su consumo en una práctica delicada si no se realiza bajo controles adecuados.

Actualmente, no existen frigoríficos habilitados en el país para su faena con tránsito federal, lo que limita el desarrollo de una cadena formal de producción. Como consecuencia, gran parte del aprovechamiento de la carne se realiza en circuitos informales, con riesgos asociados para la salud pública. "El problema no es solo productivo, también es sanitario", advierte Pescio.

Control complejo y falta de coordinación

El manejo de la especie presenta múltiples desafíos. La caza es actualmente la principal herramienta de control, pero resulta insuficiente frente a la velocidad de reproducción del animal.

Además, la regulación depende de las provincias, lo que genera un mosaico de normativas dispares. "Córdoba tiene un plan bastante más activo, mientras que en provincias del NOA la caza presenta mayores restricciones. Esto genera situaciones muy dispares en territorios cercanos", explicó el especialista.

Experiencias puntuales, como el control en Parques Nacionales mediante caza regulada y monitoreo sanitario, han mostrado resultados positivos. Sin embargo, su replicación a mayor escala requiere recursos, planificación y articulación institucional.

"El problema es que no estamos en el mejor momento institucional para enfrentar este tipo de desafíos. Se requiere coordinación y decisión política. Una vez que el sistema se pone en marcha es más fácil, pero es necesario un impulso inicial", concluyó Pescio.

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