La Resolución 42/2026 redefine el rol del organismo y genera preocupación en la cadena agroalimentaria, donde los controles de calidad y certificación son clave para competir.
Una medida con efecto directo en el agroindustrial
El INTI oficializó el 16 de abril de 2026 una profunda reestructuración de su oferta tecnológica mediante la Resolución 42/2026, que elimina una amplia gama de servicios técnicos utilizados por industrias de todo el país. Aunque la medida abarca múltiples sectores, su impacto se siente con fuerza en el agro y la agroindustria, donde estos servicios cumplen un rol central en procesos de control de calidad, certificación y desarrollo de productos.
Su impacto se siente con fuerza en el agro y la agroindustria, donde estos servicios cumplen un rol central en procesos de control de calidad, certificación y desarrollo de productos.
Menos ensayos y más costos para el sector alimentario
Uno de los sectores más comprometidos es el agroalimentario, donde el INTI brindaba prestaciones clave para garantizar la inocuidad y calidad de los alimentos. Entre los servicios eliminados se encuentran análisis microbiológicos, estudios bromatológicos, determinaciones químicas y controles de contaminantes, herramientas fundamentales para cumplir con normativas sanitarias tanto en el mercado interno como en exportaciones.
Entre los servicios eliminados se encuentran análisis microbiológicos, estudios bromatológicos, determinaciones químicas y controles de contaminantes.
La desaparición de estos servicios obliga a las empresas a migrar hacia laboratorios privados, lo que podría traducirse en mayores costos operativos y eventuales demoras en procesos de validación, especialmente en el caso de pymes y economías regionales.
Impacto en el agregado de valor en origen
El recorte también afecta directamente a los segmentos donde el agro busca crecer: el agregado de valor en origen. Actividades como la producción de lácteos, carnes procesadas, alimentos regionales y productos industrializados dependen de servicios técnicos para desarrollar productos, mejorar procesos y acceder a mercados exigentes. Sin el respaldo del INTI, muchos de estos emprendimientos enfrentan un escenario más complejo para sostener su competitividad, en un contexto donde la calidad certificada es cada vez más determinante.
Actividades como la producción de lácteos, carnes procesadas, alimentos regionales y productos industrializados dependen de servicios técnicos para desarrollar productos, mejorar procesos y acceder a mercados exigentes.
Efecto en otras cadenas vinculadas al agro
La medida también tiene alcance indirecto sobre otras actividades vinculadas al sector agropecuario. La eliminación de ensayos en materiales, envases, ambiente y energía impacta en toda la cadena productiva, desde el embalaje de alimentos hasta el control de efluentes y recursos hídricos. Estos servicios formaban parte de una red de soporte técnico que permitía a las empresas cumplir con estándares regulatorios y mejorar su eficiencia productiva.
La eliminación de ensayos en materiales, envases, ambiente y energía impacta en toda la cadena productiva, desde el embalaje de alimentos hasta el control de efluentes y recursos hídricos
Reorganización y cambio de enfoque
Desde el organismo señalaron que la decisión responde a una estrategia de reorganización interna, orientada a mejorar la eficiencia en el uso de recursos y evitar superposiciones con el sector privado. El criterio adoptado se basa en eliminar prestaciones con baja demanda o con oferta disponible en el mercado, para concentrarse en áreas consideradas estratégicas.
Un nuevo escenario para el agro argentino
El recorte en el INTI abre un nuevo escenario para el agro, donde la disponibilidad de servicios técnicos será un factor clave para sostener el crecimiento del sector agroindustrial. Mientras las grandes empresas cuentan con mayor capacidad de adaptación, el desafío será mayor para las pymes y productores que agregan valor, que dependen de este tipo de herramientas para competir. En un contexto donde Argentina busca posicionarse como proveedor de alimentos con mayor valor agregado, la reducción de asistencia técnica estatal plantea un interrogante central: cómo sostener la calidad, la innovación y la competitividad en toda la cadena agroalimentaria.
