La producción nacional de biodiesel acumuló 308.565 toneladas en el primer cuatrimestre de 2026. Se trata de un volumen que mostró una mejora de 16% frente al año pasado, pero que todavía se ubicó 25% por debajo del promedio de los últimos cinco años y entre los registros más bajos desde 2010.
De acuerdo con un informe elaborado por la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), después de alcanzar un máximo histórico de 2,8 millones de toneladas en 2017, la elaboración comenzó a perder fuerza hasta tocar un piso de 0,83 millones de toneladas en 2023, año atravesado por la sequía. Sin embargo, aun con la recuperación de la soja entre 2024 y 2025, la industria no logró recomponer sus niveles de actividad.
La capacidad instalada nacional ronda los 3,8 millones de toneladas anuales, concentrada mayormente en Santa Fe. Frente a ese potencial, los volúmenes actuales dejan una capacidad ociosa cercana al 75%, lo que refleja la magnitud del problema productivo y comercial que enfrenta el sector.
Una industria con poco margen externo
El esquema argentino funciona con una estructura dual. Por un lado, las empresas mayormente pymes abastecen el mercado doméstico según la tasa de corte establecida. Por otro, las firmas integradas se orientan a la exportación y no pueden participar del abastecimiento local para el corte de gasoil.
En 2025, las ventas internas totalizaron 703.304 toneladas, por encima del promedio de los últimos cinco años, aunque por debajo de las 777.218 toneladas de 2024. En cambio, las exportaciones apenas alcanzaron 273.386 toneladas, el menor volumen desde el inicio de la serie.
Entre enero y abril de 2026, el mercado interno absorbió 271.751 toneladas, mientras que los envíos al exterior fueron de solo 30.360 toneladas. Para ese período, se trató del registro exportador más bajo desde que comenzó la producción de biodiesel en el país hacia 2008.
Ese cambio modificó el perfil de una industria que nació con una fuerte orientación exportadora. Desde 2022, la participación de las ventas locales sobre el total comenzó a crecer con fuerza, hasta representar 72% en 2025 y 90% en el primer cuatrimestre de 2026. Aun así, la demanda interna de los últimos años se mantiene 30% por debajo de los mejores registros alcanzados entre 2015 y 2019.
El proyecto oficial buscó ordenar el mercado
En este escenario, la discusión legislativa aparece como una pieza clave para consolidar un piso de demanda. El proyecto oficial que ingresó al Senado propone actualizar el marco regulatorio y elevar la tasa de corte obligatorio al 10% luego de 12 meses desde la sanción de la ley.
Ese nivel permitiría volver a porcentajes con los que la industria ya funcionó en otros períodos. Sin embargo, todavía quedaría por debajo de Brasil, donde el corte vigente y los aumentos previstos marcan una política más agresiva de impulso a los biocombustibles.
Además del porcentaje de mezcla, la iniciativa plantea cambios en la comercialización. El esquema prevé reducir progresivamente la porción abastecida mediante cupos coordinados por el Estado y aumentar la participación de operaciones negociadas libremente a través de un Mercado Electrónico Transparente, abierto tanto a empresas integradas como no integradas.
La transición comenzaría con la entrada en vigencia del corte del 10%, cuando la mitad del abastecimiento se negociaría libremente entre partes. Hacia 2030, tres puntos porcentuales del corte obligatorio quedarían garantizados para empresas no integradas, mientras que los siete puntos restantes pasarían al mercado libre, con participación de mezcladoras que realizan coprocesamiento.
Un posible piso para la producción
El proyecto también contempla regiones geográficas para optimizar costos logísticos, contratos de abastecimiento a futuro y un precio máximo ligado a la paridad de importación de biodiesel, calculado periódicamente por un organismo independiente en base a referencias internacionales.
Otra novedad que incluye el proyecto oficial es la posibilidad de que las mezcladoras incorporen biodiesel por encima de los porcentajes obligatorios. Esta modificación estaría acompañada con la habilitación de vehículos flex fuel, surtidores exclusivos para cortes superiores y la eventual importación de biocombustibles cuando haya faltantes o mezclas por encima del corte exigido.
Con el consumo promedio anual de gasoil de los últimos cinco años, un corte obligatorio del 10% demandaría alrededor de 1,3 millones de toneladas de biodiesel por año. Ese volumen sería 33% superior al escenario actual con una tasa de 7,5% y podría darle a la industria un piso de producción más firme, aún en un contexto de restricciones exportadoras y alta capacidad ociosa.
