Raíces

El agropiro reveló su mayor fortaleza bajo tierra

Un estudio del INTA mostró que esta pastura clave para el sudoeste bonaerense sostiene una biomasa radical estable y mejora la captación de agua en ambientes semiáridos

4 Jun 2026

En el sudoeste de la provincia de Buenos Aires, donde las lluvias son escasas, variables y muchas veces insuficientes, sostener la oferta de pasto representa un desafío permanente. En esta región investigadores del INTA analizaron el funcionamiento subterráneo del agropiro alargado, que se transformó en una de las especies más importantes para los planteos ganaderos de Villarino y Patagones.

En este contexto, la investigadora del INTA Instituto de Suelos del Centro de Investigación en Recursos Naturales del INTA, Ileana Frasier, explicó: "Las raíces son el motor invisible del sistema productivo. Determinan la capacidad de la pastura para captar agua, almacenar carbono y sostener la producción".

Una pastura adaptada al semiárido

El trabajo fue desarrollado por equipos del INTA Hilario Ascasubi, las Agencias de Extensión de Médanos y Patagones, el Instituto de Suelos de Castelar y la Universidad Nacional del Sur. El objetivo fue comprender cómo funciona el sistema subterráneo de esta pastura en ambientes semiáridos.

Los resultados mostraron que el agropiro mantiene una biomasa radical estable, con un promedio de 14 toneladas por hectárea hasta la tosca, sin diferencias significativas entre establecimientos ni ambientes. Al respecto, Frasier explicó: "El agropiro es una especie adaptada a estos ambientes semiáridos que destina una proporción considerable de su productividad anual al desarrollo y mantenimiento del sistema radical, como mecanismo adaptativo para asegurar el suministro hídrico".

El estudio evidenció que el 62% de las raíces se concentraron en los primeros 20 centímetros del suelo, una zona clave para aprovechar el agua proveniente de lluvias eventuales y de menor pluviometría.

La raíz se ajustó al ambiente

El investigador del INTA Hilario Ascasubi, Luciano Zubiaga, indicó: "Uno de los hallazgos más relevantes es la plasticidad del sistema radicular, es decir, su capacidad de adaptarse a distintas condiciones hídricas". Y agregó: "La estratificación de las raíces en la capa superficial del suelo y su desarrollo lateral, respondieron a la captación de agua de lluvia que fue diferencial entre partidos".

En Patagones, donde las precipitaciones son menores, el agropiro concentra más raíces en superficie para captar rápidamente el agua disponible. En cambio, en Villarino tiende a explorar capas más profundas. "La especie ajusta su arquitectura radical según la disponibilidad hídrica. Esa plasticidad es clave para su adaptación al semiárido", detalló Zubiaga.

El manejo relevado también mostró una alta variabilidad entre establecimientos, tanto en implantación como en pastoreo. Aunque predominó la siembra directa, también se utilizó labranza convencional, con fechas y densidades de siembra dentro de rangos amplios.

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En cuanto al aprovechamiento, se observaron diferencias en el inicio, la frecuencia, la intensidad, los descansos y la carga animal. En este sentido, el extensionista del INTA Médanos, Juan Pablo Vasicek, señaló: "Esta diversidad refleja la gran plasticidad de la especie, capaz de adaptarse incluso a manejos subóptimos".

Más carbono y mejores suelos

Aunque el agropiro se destaca por su aporte forrajero, su sistema radical también cumple un papel central en la mejora del suelo. A partir de la biomasa medida, los investigadores estimaron un aporte de aproximadamente 6 toneladas de carbono por hectárea.

"Las raíces son una vía directa de entrada de carbono al suelo. Esto mejora la materia orgánica, la estructura y la capacidad de retención de agua, impactando positivamente en la fertilidad, la estabilidad del sistema y la productividad a largo plazo", señaló Frasier.

Por su parte, el extensionista del INTA Patagones, Guillermo González, destacó que "prácticas como respetar fechas de siembra, permitir un adecuado período de implantación y evitar el sobrepastoreo favorecen un sistema radicular más robusto y una mayor estabilidad productiva".

A pesar de la diversidad de manejos relevados, el agropiro mostró una notable estabilidad en su biomasa radical, lo que refuerza su valor como componente estructural de los sistemas ganaderos extensivos. Como conclusión, Zubiaga afirmó: "En un contexto de creciente variabilidad climática, el desafío productivo no es solo generar forraje, sino sostener los recursos en el tiempo y no poner en riesgo la persistencia de la pastura. Y en ese camino, el agropiro confirma que muchas de las respuestas están, literalmente, bajo tierra".

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