En las regiones subtropicales, la llegada del invierno suele traer consigo una marcada disminución en la disponibilidad de forraje, una situación que impacta directamente en la productividad de los sistemas ganaderos. Frente a este desafío, especialistas del INTA El Colorado, en la provincia de Formosa, remarcan la importancia de los verdeos de invierno como una herramienta estratégica para garantizar alimento de calidad y sostener el desempeño de los rodeos hasta la primavera.
De acuerdo con Jorge Passamano, investigador del INTA El Colorado, la clave para obtener buenos resultados comienza mucho antes de la siembra. "La planificación debe iniciarse con anticipación, definiendo lotes con buena aptitud productiva, suelos profundos y adecuado acceso al agua", señaló. Además, recomendó realizar un barbecho previo de entre 40 y 45 días para favorecer la mineralización de nutrientes y lograr una correcta cama de siembra. La ventana ideal para la implantación de estos recursos forrajeros se extiende entre mediados de marzo y abril, siempre que se registren precipitaciones iniciales de entre 30 y 50 milímetros. En estas condiciones, los verdeos pueden alcanzar producciones que oscilan entre los 3.000 y 5.000 kilogramos de materia seca por hectárea a lo largo de su ciclo productivo.
"La planificación debe iniciarse con anticipación, definiendo lotes con buena aptitud productiva, suelos profundos y adecuado acceso al agua"
Entre las especies más utilizadas en la región se destacan la avena, tanto sola como asociada con leguminosas como vicia o melilotus. Estas combinaciones permiten mejorar el equilibrio nutricional del forraje al aportar una adecuada relación entre fibra y proteína. También la alfalfa ocupa un lugar relevante, especialmente en el sur de Formosa, donde se utiliza tanto para pastoreo directo como para la elaboración de reservas. Los especialistas subrayan que los verdeos de invierno cumplen una función fundamental para cubrir el déficit forrajero de la estación fría y mantener el estado corporal de los animales, especialmente en categorías sensibles como las vaquillas de reposición de entre uno y dos años. Se trata de recursos de alta calidad nutricional, con elevada digestibilidad y niveles de proteína que varían entre el 17 y el 20%, características que los convierten en una herramienta eficiente para sostener el crecimiento y la productividad en períodos críticos del año.
Manejo eficiente para maximizar resultados
El aprovechamiento adecuado de estos recursos depende en gran medida del manejo del pastoreo. Desde el INTA recomiendan implementar sistemas de apotreramiento rotativo que permitan realizar entre dos y tres ingresos de animales por campaña, favoreciendo así la obtención de dos o tres rebrotes y una utilización más eficiente del forraje disponible. Passamano sugirió tiempos de ocupación de los potreros no superiores a dos días y ajustar la carga animal de acuerdo con la oferta forrajera existente. "Es fundamental preservar el ápice de crecimiento para asegurar el rebrote", explicó. Según el especialista, una correcta administración del pastoreo permite maximizar la producción y sostener la disponibilidad de forraje durante todo el invierno, contribuyendo a mejorar la eficiencia global del sistema.
Desde el INTA recomiendan implementar sistemas de apotreramiento rotativo que permitan realizar entre dos y tres ingresos de animales por campaña, favoreciendo así la obtención de dos o tres rebrotes y una utilización más eficiente del forraje disponible
Complemento ideal para las pasturas diferidas
En los sistemas ganaderos de la región, los verdeos de invierno suelen complementarse con pasturas megatérmicas diferidas. Mientras estas últimas aportan mayor contenido de fibra y alrededor de un 7% de proteína, los verdeos suministran proteína de alta calidad, generando un balance nutricional que favorece el desempeño animal. Aunque el destino principal de estos recursos es el pastoreo directo, los remanentes también pueden aprovecharse para la confección de rollos, aportando mayor flexibilidad a la planificación forrajera del establecimiento.
Desafíos y costos
Entre las principales limitantes para la adopción de esta tecnología, los técnicos señalaron la variabilidad climática propia del otoño en la región, que puede afectar la implantación de los cultivos. A ello se suman los costos de establecimiento, estimados entre 65 y 80 kilogramos de ternero por hectárea. A pesar de estos desafíos, desde el INTA destacan que los verdeos de invierno continúan siendo una de las herramientas más eficaces para sostener la oferta forrajera, mejorar la nutrición animal y aumentar la eficiencia de los sistemas ganaderos en ambientes subtropicales.
