La necesidad de que el agro deje de debatir solo hacia adentro y construya una voz más fuerte frente a la política fue el eje del panel "Del potencial a los resultados", realizado en el Congreso Maizar 2026. Allí, dirigentes, funcionarios y empresarios coincidieron en que el sector debe mejorar su capacidad de representación, explicar su aporte con datos y consolidar políticas públicas que le den estabilidad y previsibilidad.
Una de las ideas centrales fue la necesidad de "saltar la tranquera", una expresión que atravesó el panel para sintetizar el desafío de hablar con el resto de la sociedad, participar en espacios comunitarios y ordenar una agenda parlamentaria con fundamentos técnicos. En ese camino, la Fundación Barbechando fue mencionada como una herramienta clave para acercar conocimiento agroindustrial a los legisladores.
El presidente de Pago Viejo y miembro de CREA, Germán Weiss fue uno de los más críticos al analizar el lugar que ocupa el sector en la discusión pública. En esta línea señaló: "En este siglo, el consumo de alimentos a nivel mundial creció más de 50%, pero como país no lo aprovechamos". Y advirtió que, mientras en otros países el agro recibe apoyo, en Argentina enfrenta un saldo negativo.
Además, afirmó: "A diferencia del Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones (RIGI) o de la promoción de Tierra del Fuego, el agro tiene también un régimen especial pero que funciona al revés". Según planteó, Estados Unidos y Brasil destinan apoyos equivalentes al 0,5% y 0,4% del PBI, respectivamente, mientras que en Argentina la relación es negativa en 0,9%.
Retenciones, empleo y representación
Para Weiss, parte del problema está en la forma en que se comunica el impacto del campo en la economía. En ese sentido, sostuvo que "la sociedad argentina discute paradigmas equivocados", como ejemplo, cuestionó la idea de que el sector no genera empleo porque las mediciones suelen concentrarse solo en el trabajo rural y dejan afuera a toda la cadena.
También, remarcó que "sólo el complejo maíz genera 300.000 puestos de trabajo, mientras la industria automotriz tiene menos de 100.000". Y agregó: "Durante muchos años no supimos explicar que las retenciones fueron dramáticas para el país y no solo para la producción".
El diputado nacional Luis Picat, coincidió desde su experiencia como dirigente rural, intendente y legislador. Y planteó que los productores deben involucrarse no solo en la política partidaria, sino que "hace falta más participación en las entidades y comunidades, hay que salir de la tranquera".
Picat señaló que muchos legisladores defienden rápidamente a sus territorios cuando una ley afecta a sus sectores productivos, pero consideró que el agro argentino todavía necesita dar un paso más. Según dijo, el objetivo debería ser pasar de la defensa de actividades aisladas a "representar a la agroindustria como un solo encadenamiento productivo".
Brasil como espejo político
La experiencia brasileña ocupó un lugar central en el panel y fue representada por el presidente de Abramilho, Paulo Bertolini, quien explicó cómo se construyó una representación parlamentaria ruralista en Brasil y cómo ese proceso acompañó la transformación productiva del país. Y recordó que "cuando volvió la democracia a Brasil, esa bancada no existía, pero los ruralistas se empezaron a juntar para enfrentar el problema de las ocupaciones de tierra".
Bertolini remarcó que, en ese momento, "Brasil no era una potencia del agro: era importador neto de alimentos. Pero luego vino la biotecnología, la siembra directa, la infraestructura y la expansión productiva". En esa evolución, destacó el rol del Instituto Pensar Agro, al que definió como "un ente técnico de apoyo a los legisladores, pero sobre todo una herramienta política que organiza la agenda de discusión del agro en el Parlamento".
El dirigente brasileño dimensionó el peso de esa construcción institucional señalando que "en Brasil los diputados del agro son 330, sobre un total de 500, y los senadores son 44, sobre un total de 88". Además, indicó que "la agroindustria representa el 30% del PBI y el 50% de las exportaciones" del país vecino.
Para Bertolini, "el fortalecimiento parlamentario del ruralismo brasileño le cerró el espacio en Brasil a cualquier idea de poner retenciones o restricciones a la exportación", afirmó. E ironizó: "Las políticas contra el campo en Argentina han ayudado mucho al crecimiento del agro en países como Brasil, Paraguay y Estados Unidos".
Consensos para una nueva agenda
Desde el Gobierno, el secretario de Desregulación de la Nación, Alejandro Cacace, planteó que el escenario económico exige modificar la lógica con la que se discuten las políticas agropecuarias. Y señaló: "Cuando vivíamos con inflación y tipos de cambio diferenciales, la lógica de la discusión sobre políticas agropecuarias era de suma cero, cada sector buscaba salvarse o quedarse con su porción".
El funcionario sostuvo que, en un contexto de mayor estabilidad, el agro necesita construir acuerdos internos y pensar en productividad. Y afirmó: "Con estabilidad y crecimiento, tenemos que cambiar el chip para actuar con las nuevas reglas, por eso es importante el cambio de actitud".
Además, Cacace apuntó: "Pensar colectivamente en nuestra productividad, hay que discutir la baja de retenciones, pero también los incentivos a la innovación". En esa línea, sostuvo que la falta de respeto a la propiedad intelectual generó una pérdida de productividad, especialmente en soja, mientras que el maíz mostró un desempeño más alineado con Estados Unidos.
Para que el agro convierta su potencial en resultados, no alcanza con producir más ni con reclamar menos trabas. También necesita comunicar mejor, construir consensos, participar en la vida pública y presentarse ante la política con una voz más integrada.
