La actividad porcina argentina llegó al Congreso Nacional de Producción Porcina con una doble lectura. Por un lado, la producción de carne y la faena mostraron avances interanuales en abril de 2026. Por otro, los costos, los precios relativos y el escenario macroeconómico siguen marcando el margen de maniobra de una cadena que busca sostenerse y ganar escala.
De acuerdo con el último informe de Fundación FADA, en abril la producción mensual de carne porcina alcanzó las 73.124 toneladas res con hueso, lo que representó una suba del 7,9% frente al mismo mes del año anterior. Sin embargo, en la comparación mensual registró una baja del 4,5%, luego del pico de marzo, cuando se habían producido 76.610 toneladas.
En cuanto a la faena, durante abril se contabilizaron 758.494 cabezas, con un crecimiento interanual del 6,4%, pero con una caída mensual del 6,1%. En paralelo, el peso promedio de faena del capón general se ubicó en 118 kilos de peso vivo, mientras que el consumo per cápita, medido por promedio móvil, llegó a 19,54 kilos por habitante por año, un 8,6% más que un año atrás.
El maíz volvió a ordenar la ecuación
El análisis de FADA ubicó a los granos como una de las variables centrales para entender el negocio porcino. Para la campaña 2025/26, la producción conjunta de soja, maíz, girasol y trigo fue estimada en 153,2 millones de toneladas, un volumen récord y 20,7% superior al ciclo anterior.
Dentro de ese escenario, la superficie sembrada de maíz pasó de 8,3 a 10,2 millones de hectáreas entre las campañas 2024/25 y 2025/26, mientras que la producción estimada subió de 51,7 a 68 millones de toneladas. De acuerdo con la entidad, ese crecimiento aporta disponibilidad, pero no elimina el impacto del cereal sobre los costos de producción porcina.
De esta manera, en abril de 2026, con 9,1 kilos de capón general se podía adquirir un kilo de maíz, lo que implicó una caída del 0,4% frente al mes previo. En la comparación anual, la relación retrocedió 3,4%, señal de que se necesitó más capón para comprar el mismo volumen de grano.
Los precios crecieron por debajo de la inflación
En mayo de 2026, el capón se ubicó en $2.250 por kilo vivo, con una suba anual del 25%. En el mismo período, el maíz alcanzó los $252.058 por tonelada, con un incremento del 32,4%. Esa diferencia dejó en evidencia el desfasaje entre el precio del animal y uno de sus principales insumos.
En el mostrador, el pechito de cerdo acumuló una suba del 23,7% en los últimos 12 meses, casi 9 puntos porcentuales por debajo de la inflación, que fue del 32,4%. Este dato también marcó una diferencia con la cadena bovina, donde el asado aumentó 61,9%, el novillito 52,8% y el ternero 77,4%.
El precio promedio de capones a faena mostró una variación anual del 25% en pesos corrientes, pero una baja del 6,4% en términos constantes. En la comparación mensual, el valor avanzó apenas 0,9% en pesos corrientes, retrocedió 2,3% en términos reales y cayó 0,8% en dólares.
El frente externo siguió en rojo
En marzo de 2026, las importaciones llegaron a 5.774 toneladas, mientras que las exportaciones alcanzaron 1.634 toneladas. La diferencia se reflejó en un saldo negativo de USD 15,5 millones.
El rojo comercial se repitió durante todo el período analizado, entre abril de 2025 y marzo de 2026. Aunque hubo meses con déficits más moderados, como enero de 2026, cuando el saldo fue de USD 7,4 millones, el cierre de marzo volvió a mostrar una presión mayor sobre la cadena.
El contexto macroeconómico sumó complejidad
En mayo, el tipo de cambio oficial fue de $1.393, mientras que el índice de tipo de cambio real multilateral promedió 84,6. Según el trabajo presentado por FADA, ese nivel reflejó un tipo de cambio bajo frente a los principales socios comerciales, en comparación con el promedio histórico.
En ese marco, la actividad porcina quedó atravesada por cuatro variables que condicionan el desarrollo de la cadena: impuestos, costos, precios y competitividad. El crecimiento productivo y el mayor consumo muestran una base activa, pero el desafío pasa por transformar esos avances en rentabilidad, inserción externa y una estructura capaz de sostenerse frente a una economía todavía exigente.
