Editorial

Brasil afloja con las compras de trigo

De las sospechas a la realidad. La noticia indica que el socio del Mercosur registra las importaciones de trigo más bajas del primer semestre en 26 años. No tiene vinculación con las pérdidas argentinas sino con la evolución de su producción.

En otras oportunidades hemos hecho referencia largamente a la evolución que está teniendo el trigo en Brasil, a la irrupción de variedades adaptadas pensando en las características del Cerrado y del noreste del país, y a los comentarios de Embrapa sobre rendimientos realmente sorprendentes para estas zonas, con rasgos muy alejados de lo que son nuestras áreas de cultivo tradicionales.

También hemos opinado que sería un grave error desatender estas señales, como se ha hecho con la carne o el maíz en su momento. El socio del Mercosur ha decidido desde hace largo rato dominar la oferta mundial de commodities ligados al agro, y viene cumpliendo implacablemente lo que se ha propuesto.

A diferencia de la Argentina, cuenta para eso con una macro ordenada y gobiernos sensatos, cualquiera sea su signo político, que entienden el potencial del sector agropecuario, lo acompañan y evitan poner palos en la rueda del segmento más dinámico de la economía. A ciencia cierta sucede lo mismo en toda la región excepto en nuestro país.

El productor brasileño vende libremente sus granos, cobra precio lleno y toma decisiones exclusivamente sobre la base de los fundamentos del mercado. Recibe financiamiento acorde a sus necesidades, con un gran compromiso del Estado en este tema. En otras palabras, está en las antípodas del agroempresario argentino.

Desde la década de 1970, los brasileños han estado invirtiendo en investigación en el campo de la producción de trigo, lo que ha significado aumentos de la productividad en torno de un 3,5% anual, en promedio. Sin prisa y sin pausa se han ido acercando a la posibilidad de reunir el cereal que necesitan, sin desesperarse por el aporte y los precios de los grandes exportadores mundiales.

Las últimas cosechas de trigo de Brasil, el único grano para el cual todavía tiene cierta dependencia de las importaciones, vienen creciendo de manera sustantiva. Lo que hace unos años eran 6 o 7 millones de toneladas se va acomodando en derredor de los 10 millones, cuanto menos.

Y las consecuencias empiezan a palparse nítidamente. Las compras de trigo foráneo para el vecino país caen a 2 millones de toneladas en el primer semestre, el menor volumen desde 1997, cuando las importaciones de enero a julio se habían ubicado en 1,96 millones, según datos de la Secretaría de Comercio Exterior.

No es una situación fortuita. Una vez más Rio Grande do Sul y Paraná, líderes nacionales en producción de trigo, tienen perspectivas de buenas cosechas en 2023. El año pasado, los gauchos colocaron en el mercado 4,95 millones de toneladas de trigo, y los paranaenses, 3,5 millones. El consumo nacional es de 12,4 millones de toneladas y la demanda se complementa con importaciones, como vemos, cada vez más delgadas.

Pero no termina ahí. En los últimos dos años el país ha acelerado las exportaciones de trigo. En 2022, el volumen total negociado alcanzó un récord de 3,1 millones de toneladas. De enero a junio de este año ya había 2,1 millones de toneladas. No solo va por el autoabastecimiento, sino también por un lugar en el top ten de exportadores. El cliente pasa a ser un competidor más.

Todo esto debería importarnos sobremanera, porque Brasil explica al menos el 50% de nuestras ventas externas. Lo que no le vendamos deberá inevitablemente salir a dar la pelea en la arena internacional, donde Rusia y Francia ofrecen precios a los que ni siquiera podemos arrimarnos.

Es cierto que el trigo brasileño enfrenta este año nubarrones coyunturales. Los años Niño son vistos como complicados para el cereal en este país, si bien ese temor no siempre está justificado. Muchos especialistas entienden que la evolución de la tecnología de producción de trigo ha llevado a la mitigación de las condiciones adversas más comunes en años Niño.

Por cierto, Embrapa realizó un estudio sobre el rendimiento promedio del cultivo en el sur de Brasil durante los eventos de El Niño en las zafras 1982/1983, 1997/1998 y 2015/2016. Encontró que los efectos negativos del fenómeno climático sobre el trigo disminuyeron con el tiempo.

Además del sur del país y del Cerrado, el trigo también encuentra oportunidades en la región de Bahía, en el noreste tropical, con chances de crecer desde las 3.000 hectáreas actuales hasta cerca de 20.000 hectáreas en unos cinco años. Desde Embrapa se cita el caso de productores que llegaron a generar hasta 7000 kg/ha, utilizando las nuevas variedades y con un manejo adecuado.

La tropicalización del trigo es un hecho en este país, y se cree que será un paso fundamental para intentar alcanzar el autoabastecimiento en unos pocos años más.

El proceso está en marcha y la Argentina debería tener elaborada una estrategia para continuar seduciendo al gran cliente, sobre todo considerando la hostilidad del mundo fuera del bloque en materia de colocación del cereal. No será fácil que suceda, el gobierno está más concentrado en limitar las exportaciones de trigo que en fomentarlas. Lamentablemente.