Ante un campo degradado, la reacción instintiva de muchos productores y conservacionistas es "cerrar el lote" y retirar a los animales para que el sistema se recupere solo. Sin embargo, una investigación internacional con sello argentino acaba de demostrar que esta práctica puede ser contraproducente.
El estudio, liderado por la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) y publicado en la prestigiosa revista Frontiers in Ecology and the Environment, analizó 79 pastizales en 15 países. La conclusión es contundente: excluir al ganado de forma permanente termina por degradar el ecosistema en el largo plazo.
Vacas como aliadas de la biodiversidad
¿Por qué un sistema "natural" se deteriora sin intervención? La respuesta está en la evolución de estos paisajes. Según explica Laura Yahdjian, investigadora de la FAUBA y el CONICET, sistemas como la Región Pampeana evolucionaron junto a grandes herbívoros nativos que hoy ya no están.
Ubicación de los 79 sitios de este estudio sobre el área cubierta con tierras de pastoreo a nivel global, en gris. Fuente: FAUBA.
"Esa función la cumplen hoy, en cierta medida, las vacas", señala Yahdjian. Sin el pastoreo, el sistema pierde su equilibrio: los lotes terminan dominados por pocas especies vegetales o son invadidos por exóticas que cambian su funcionamiento original. Esto atenta contra la posibilidad de seguir haciendo ganadería a lo largo del tiempo y genera una pérdida de servicios ecosistémicos clave, como la capacidad del suelo para proveer alimento para el ganado, almacenar carbono y regular el clima.
El desafío: la carga animal "ideal"
El estudio no propone validar el sobrepastoreo, que sigue siendo una de las principales causas de deterioro, sino más bien dar un punto de partida para repensar las estrategias de manejo ganadero en el país.
"Las vacas pueden ser aliadas de la conservación si implementamos cargas que no excedan la capacidad del campo para producir forraje", subraya la docente. Se trata de pasar de una visión de explotación a una de manejo resiliente, donde los pastizales pueden seguir brindándonos sus beneficios, como la provisión de carne.
Hacia una ganadería resiliente
La investigación, que forma parte de la red global Nutrient Network, abre nuevas puertas. El equipo de la FAUBA ya está trabajando en el proyecto SPIRIT-Campos, junto a colegas de Argentina, Uruguay, Brasil y Suiza, donde analizarán cómo la presencia (o ausencia) del ganado afecta no solo a las plantas, sino también a polinizadores y otros insectos clave.
En un escenario de crisis climática e incertidumbre, la ciencia argentina propone derribar la falsa dicotomía entre producción y ambiente. Bajo la premisa de que producir y conservar son, en realidad, las dos caras de una misma moneda, el desafío actual radica en la gestión cotidiana. Tal como afirma Yahdjian: "Si logramos equilibrarlas a través de la carga animal, el beneficio será para toda la sociedad".
