Según el relevamiento realizado por la Bolsa de Cereales de Córdoba (BCCBA), la producción estival total se perfila como la más alta de las últimas cinco campañas. De esta manera, pese al estrés hídrico y térmico, y a las demoras provocadas por las lluvias de abril, la campaña gruesa en Córdoba ingresó en su tramo final con un balance parcial alentador.
Con la cosecha en avance y cerca del cierre del ciclo, los cultivos de soja y maíz mostraron rindes superiores a los obtenidos en la campaña anterior. En ambos casos, los resultados permitieron compensar parte del impacto que habían generado las altas temperaturas y la falta de agua durante enero.
La estimación provincial ubicó a la soja con 4,08 millones de hectáreas sembradas, 3,98 millones cosechables y un rinde promedio de 35,4 quintales por hectárea. Con esos números, la producción esperada alcanzaría 14,1 millones de toneladas, 15% por encima del promedio histórico, aunque 2% por debajo del ciclo anterior.
En maíz, el informe proyectó 2,9 millones de hectáreas sembradas y 2,52 millones cosechables. El rendimiento promedio llegó a 81,4 quintales por hectárea y la producción se estimó en 20,5 millones de toneladas. Esa cifra representaría una mejora interanual de 16% y un salto de 45% frente al promedio histórico provincial.
El girasol acompañó, pero maní y sorgo retrocedieron
El girasol logró 239.500 hectáreas sembradas, 236.600 cosechables y un rinde de 21,9 quintales por hectárea. Con estas cifras la producción alcanzaría 517.100 toneladas, 7% por debajo de la campaña previa, pero 33% superior al promedio histórico.
En el caso del maní, la producción esperada se ubicó en 613.500 toneladas, con una caída interanual de 31% y una baja de 12% respecto de la media histórica. Mientras que el sorgo, llegaría a 396.200 toneladas, también 31% por debajo del ciclo previo y 26% menos que el promedio provincial.
La diferencia se explicó por una combinación de menor superficie y ajustes en los rindes a medida que avanzó la recolección. De todos modos, las pérdidas de área fueron acotadas en todos los cultivos, iguales o inferiores al 3%, y estuvieron asociadas principalmente a granizo y, en menor medida, a anegamientos.
Las lluvias demoraron las labores
Las precipitaciones de abril superaron los valores promedio en todos los departamentos relevados. En algunos casos, los acumulados excedieron en más de 100 milímetros lo esperado para la época, lo que dificultó el avance de la trilla por falta de piso y exceso de humedad en los lotes.
En este contexto, la soja logró recuperar parte del retraso acumulado durante abril, mientras que el maíz avanzó con menor ritmo porque se priorizó la recolección de la oleaginosa. En paralelo, la cosecha de girasol habría finalizado hacia fines de abril, mientras que el maní continuaba con demoras tanto en el arrancado como en la cosecha, lo que incrementó el riesgo frente a posibles heladas.
Sanidad y clima marcaron el cierre
En soja, el estado sanitario estuvo afectado por chinches durante la última etapa del cultivo y por enfermedades de fin de ciclo, aunque sin daños de gravedad en términos generales. En maíz, la principal enfermedad mencionada fue la mancha blanca, con niveles de incidencia de moderados a altos según la zona.
También se registró presencia generalizada de chicharrita hacia el final del cultivo. De acuerdo con la información citada en el informe, el vector ya se observó en el suroeste cordobés, con un rápido avance hacia esa región.
En maní, se reportó carbón en los departamentos más vinculados a la actividad, reforzando la necesidad de rotaciones más prolongadas en determinados lotes. Además, se mencionaron enfermedades como tizón y viruela tardía, mientras que no se registraron plagas de importancia durante la etapa final.
Hacia los próximos meses, el pronóstico trimestral para Córdoba anticipó igual probabilidad de ocurrencia para las tres categorías de precipitaciones. En cambio, en temperaturas, se espera que los valores se ubiquen por encima de lo normal para la época.
