Se achica la fina

La fina ajustó área aun con la baja de retenciones de Milei

La baja de retenciones y los mejores valores del mercado no alcanzaron para revertir la cautela. La superficie regional de trigo y cebada se reduciría 8%, presionada por el encarecimiento de los fertilizantes y la rentabilidad ajustada

26 May 2026

La campaña fina 2026/27 comenzó atravesada por una señal política esperada por el agro y márgenes todavía desafiantes. El presidente Javier Milei anunció que las retenciones para trigo y cebada bajarán de 7,5% a 5,5% desde junio, una medida que apunta a mejorar la competitividad de dos cultivos clave para el invierno argentino.

Pero el alivio impositivo no alcanzó, al menos por ahora, para revertir la cautela en la planificación productiva. Según el informe de lanzamiento de campaña de la Bolsa de Cereales de Bahía Blanca, la superficie destinada a trigo y cebada en su área de influencia se ubicaría en torno a 2,16 millones de hectáreas, unas 180.000 hectáreas menos que en el ciclo anterior.

Del total previsto, el 64% correspondería a trigo, con 1,39 millones de hectáreas, mientras que el 36% restante se ocuparía con cebada, equivalente a 770.000 hectáreas. En términos interanuales, el trigo reduciría 7% su superficie y la cebada 9%, principalmente por la pérdida de competitividad que generó el incremento de los costos de producción.

El anuncio alivió, pero no despejó la cuenta

La baja de derechos de exportación llegó en un momento sensible para las decisiones de siembra. Aunque aún no se haya oficializado, el informe señaló que la medida podría mejorar la competitividad de ambos cultivos y favorecer la intención de siembra, siempre que se traduzca en una mejora efectiva del precio percibido por el productor.

Ese punto es clave porque el escenario productivo presenta una tensión clara. Por un lado, los precios futuros muestran una mejora interanual, con el trigo enero 2027 en torno a 230 dólares por tonelada y la cebada cervecera en 235 dólares. Por el otro, los costos directos tuvieron aumentos significativos que recortan los márgenes, sobre todo en ambientes de menor potencial.

La comparación interanual muestra que el precio futuro del trigo subió 14% y el de la cebada 18%, pero los fertilizantes fueron los insumos con mayor incremento entre campañas. La urea pasó de 490 a 910 dólares por tonelada, con una suba del 86%, mientras que el DAP aumentó 24% y promedió 995 dólares. Además, los costos de cosecha crecieron 41% como consecuencia del aumento de los combustibles.

Los fertilizantes quedaron en el centro de la decisión

La campaña fina se inicia con mayor volatilidad internacional en el mercado de fertilizantes, aunque sin restricciones de abastecimiento local. Durante el primer cuatrimestre de 2026, las importaciones superaron las 670.000 toneladas, un volumen 30% superior al de igual período del año anterior y el más alto para ese lapso de los últimos cinco años.

Sin embargo, la relación insumo-producto, uno de los indicadores más utilizados para definir la fertilización, se deterioró con fuerza. En urea, llegó a 4,6, muy por encima del promedio de los últimos 10 años, ubicado en 2,8. En fosfato diamónico, alcanzó 5,1, también por encima de la media de la última década, de 3,6.

Luego de una campaña récord, en la que los altos rendimientos estuvieron acompañados en muchos casos por bajos niveles de proteína, la nutrición vuelve a ser determinante no solo para sostener rindes, sino también para mejorar la calidad comercial del grano.

El contexto global sostuvo los precios

En el marco internacional, el nuevo ciclo también llega condicionado por la geopolítica y por una oferta más ajustada. Para trigo, el USDA proyectó una producción global de 819,1 millones de toneladas, con una caída interanual del 3%, mientras que el consumo se mantendría prácticamente estable en 823,52 millones de toneladas. En ese escenario, los stocks finales bajarían 1,5%.

Por su parte, la cebada también enfrentaría una campaña más ajustada. De acuerdo con el Consejo Internacional de Granos, la producción mundial se proyecta en torno a 150 millones de toneladas, 2,9% por debajo del ciclo anterior, y una caída del comercio global del 4,7%, con una merma en las compras de China.

La menor disponibilidad impactó en los valores

El trigo internacional mostró mayor dinamismo desde fines de febrero y en mayo superó los 240 dólares por tonelada, por encima de los máximos de los últimos 24 meses. Por su parte, la cebada argentina mantuvo precios competitivos durante buena parte del último año, pero comenzó a mostrar subas por una oferta ajustada tras la cosecha.

La producción bajaría, aunque seguiría cerca del promedio

Con rindes promedio estimados en 3.100 kilos por hectárea para trigo y 3.600 kilos para cebada, la producción regional se ubicaría en torno a 4,1 millones de toneladas y 2,6 millones de toneladas, respectivamente. Esos volúmenes representarían una caída interanual del 9% en trigo y del 4% en cebada, explicada principalmente por la menor superficie proyectada.

De todos modos, las estimaciones se mantendrían próximas a los promedios de los últimos seis años, de 4,5 millones de toneladas para trigo y 2,8 millones para cebada. El contraste se da frente a una campaña 2025/26 de alto volumen en el área de influencia de la BCP, con 5,1 millones de toneladas de trigo y 3,6 millones de toneladas de cebada.

El buen comienzo del clima

Las lluvias de marzo y abril permitieron una adecuada recarga de los perfiles y generaron una situación hídrica mejor que la observada en campañas previas al inicio de la siembra. Además, los modelos climáticos indican una alta probabilidad de condiciones neutrales durante gran parte del ciclo de trigo y cebada.

Para el trimestre mayo-junio-julio, los pronósticos sugieren una mayor probabilidad de precipitaciones normales a superiores a las normales en gran parte del área de influencia de la BCP. Aun así, el resultado final dependerá de la distribución de las lluvias durante invierno y primavera, además de la posible ocurrencia de heladas intensas o tardías, excesos hídricos y riesgos sanitarios.

La baja de retenciones anunciada por Milei puede mejorar el precio recibido y sumar incentivo a la siembra. Sin embargo, la decisión final seguirá atada a una cuenta donde fertilización, combustible, rendimiento esperado y calidad comercial serán determinantes para sostener la rentabilidad.

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