Europa atraviesa uno de los momentos más sensibles de las últimas décadas en materia de sanidad animal. El avance de la peste porcina africana (PPA) y el regreso de la fiebre aftosa en distintos países europeos durante 2025 y 2026 encendieron alarmas sanitarias, comerciales y políticas en toda la región. Aunque la Unión Europea posee uno de los sistemas veterinarios más desarrollados del mundo, los recientes episodios dejaron al descubierto la fragilidad que aún existe frente a enfermedades transfronterizas capaces de afectar tanto a la producción ganadera como al comercio internacional.
Los recientes episodios dejaron al descubierto la fragilidad que aún existe frente a enfermedades transfronterizas capaces de afectar tanto a la producción ganadera como al comercio internacional
La peste porcina africana avanza y preocupa a Europa
La situación más compleja actualmente se observa en la expansión de la peste porcina africana, una enfermedad viral que afecta a cerdos domésticos y jabalíes y que genera enormes pérdidas económicas por su alta mortalidad y por las restricciones comerciales que desencadena. Según el último informe epidemiológico de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (Efsa), durante 2025 los brotes crecieron un 76% en cerdos domésticos y un 44% en jabalíes respecto de 2024. La Unión Europea registró 585 brotes en granjas porcinas y más de 11.000 casos en fauna silvestre.
El dato más inquietante fue la reaparición de la enfermedad en España, que volvió a detectar casos después de 31 años libre de PPA. Los focos aparecieron en Cataluña y los análisis genéticos no lograron identificar el origen del virus ni vincularlo con cepas previamente detectadas en Europa. Mientras tanto, Polonia continúa siendo uno de los principales epicentros sanitarios del continente. En la última semana de mayo de 2026 se confirmó un brote en una granja con más de 21.000 cerdos ubicada cerca de la frontera con Alemania. El establecimiento se convirtió en la segunda explotación porcina más grande afectada por la enfermedad desde el inicio de la crisis sanitaria polaca en 2014. La circulación del virus en jabalíes sigue siendo uno de los mayores desafíos epidemiológicos europeos. Solo en 2026 ya se detectaron más de 1.200 jabalíes infectados en Polonia, lo que demuestra la persistencia del virus en el ambiente silvestre y las dificultades para erradicarlo definitivamente.
En la última semana de mayo de 2026 se confirmó un brote en una granja con más de 21.000 cerdos ubicada cerca de la frontera con Alemania.
La fiebre aftosa reaparece tras décadas de estabilidad
A la crisis porcina se sumó otro fenómeno que parecía prácticamente erradicado en Europa occidental: el regreso de la fiebre aftosa. Durante 2025 se notificaron focos en Alemania, Hungría y Eslovaquia, mientras que en marzo de 2026 Grecia confirmó nuevos casos en bovinos y ovinos, incluyendo un foco en la isla de Lesbos que obligó a activar protocolos de emergencia de la Unión Europea. Alemania reportó casos en búfalos de agua, mientras que Hungría y Eslovaquia enfrentaron brotes severos en explotaciones lecheras que derivaron en sacrificios masivos de animales.
La reaparición de la fiebre aftosa genera una preocupación particular porque gran parte de Europa mantiene el estatus sanitario de "zona libre de fiebre aftosa sin vacunación", condición clave para sostener exportaciones de carne y productos lácteos hacia mercados internacionales. Cada foco obliga a implementar medidas drásticas, incluyendo restricciones al movimiento animal, zonas sanitarias especiales y eliminación inmediata de rodeos susceptibles para evitar la pérdida del estatus comercial.
La reaparición de la fiebre aftosa genera una preocupación particular porque gran parte de Europa mantiene el estatus sanitario de "zona libre de fiebre aftosa sin vacunación"
Un sistema sanitario sofisticado, pero bajo tensión
Los recientes episodios muestran que incluso los sistemas veterinarios más avanzados del mundo enfrentan crecientes dificultades para contener enfermedades animales complejas. Uno de los factores centrales es el crecimiento de las poblaciones de jabalíes, considerados actualmente uno de los principales reservorios y vectores sanitarios de la peste porcina africana en Europa. A esto se suma la elevada integración logística y comercial del mercado europeo, donde millones de animales, alimentos y mercancías circulan diariamente entre fronteras.
Los datos de la Efsa muestran además que el 91% de los brotes de PPA en granjas ocurrió en establecimientos con menos de 100 animales, lo que refleja que las condiciones de bioseguridad continúan siendo muy desiguales dentro del bloque europeo. Frente a este escenario, la Unión Europea reforzó sus programas de vigilancia sanitaria hasta niveles récord. Durante 2025 se analizaron más de 518.000 muestras en cerdos domésticos y más de 618.000 muestras en jabalíes. La estrategia actual se apoya cada vez más en la denominada detección pasiva, basada en la identificación temprana de animales muertos o con síntomas sospechosos antes de que los virus logren expandirse masivamente.
El impacto económico y comercial preocupa al sector agropecuario
Más allá del aspecto sanitario, la situación genera preocupación por sus consecuencias económicas y comerciales. Europa es uno de los mayores exportadores mundiales de carne porcina, productos lácteos y genética animal. Cualquier deterioro del estatus sanitario puede provocar cierres inmediatos de mercados internacionales y pérdidas millonarias para productores, frigoríficos y cadenas agroindustriales. Los recientes brotes también obligaron a intensificar controles fronterizos y restricciones internas dentro del propio territorio europeo. La FAO y la Organización Mundial de Sanidad Animal (WOAH) advirtieron que el aumento global de enfermedades animales exige reforzar la cooperación internacional, la vigilancia epidemiológica y las políticas de bioseguridad.
La FAO y la Organización Mundial de Sanidad Animal (WOAH) advirtieron que el aumento global de enfermedades animales exige reforzar la cooperación internacional, la vigilancia epidemiológica y las políticas de bioseguridad.
Una señal de alerta para el mundo
La situación sanitaria europea funciona hoy como una advertencia para el resto de los países productores. Lo que ocurre en Europa demuestra que incluso regiones con altos estándares veterinarios y fuertes sistemas de control pueden enfrentar crisis sanitarias severas cuando convergen factores como el movimiento internacional de animales, la expansión de fauna silvestre, el comercio global y las fallas de bioseguridad. En un contexto de creciente presión epidemiológica internacional, la salud animal volvió a convertirse en un tema estratégico no solo para la producción agropecuaria, sino también para la seguridad alimentaria y el comercio mundial.
