Los mercados agrícolas internacionales atravesaron una de sus semanas más complejas en el último tiempo, con una tendencia a la baja profundizada en la soja, maíz y trigo. "Se alinearon factores políticos y fundamentales bajistas, se quebraron niveles técnicos de soporte y eso generó ventas masivas de los especuladores", advierte Dante Romano, profesor e investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral, quien pone el foco en la comercialización de la nueva campaña de trigo.
El frente internacional: clima y geopolítica
El factor de mayor peso en las últimas ruedas fue el cambio de escenario climático en los Estados Unidos. Aunque la sequía de abril y mayo dejó deficiencias de humedad en un rango de entre el 25% y el 30% del área productiva, la oportuna llegada de precipitaciones y los pronósticos favorables para las próximas semanas revirtieron las alarmas del mercado, consolidando una lectura bajista.
En el plano geopolítico, las expectativas de acuerdos en Medio Oriente (a pesar de continuar el cierre del Estrecho de Ormuz) desinflaron la "prima bélica" en el sector energético, haciendo retroceder al petróleo Brent desde sus máximos de entre 110 y 115 dólares a un rango actual de 90 a 100 dólares. Como contrapartida positiva para la producción, los fertilizantes mostraron un fuerte descenso: la urea cotiza en torno a los 728 dólares por tonelada, mejorando sustancialmente las relaciones insumo-producto.
Por otro lado, la falta de negocios concretos tras la cumbre bilateral entre Estados Unidos y China, los rumores de aumentos arancelarios por parte de Washington y los cuestionamientos a las normas de biodiésel norteamericanas aportaron mayor cautela y pesimismo entre los operadores.
Radiografía por cultivo: Oferta agresiva y mínimos de ocho meses
En el caso de la soja, Estados Unidos ya completó el 87% de la implantación del área prevista. Mientras tanto, la presión sudamericana se hace sentir: Brasil mantiene un fuerte ritmo exportador, sumando 55,1 millones de toneladas embarcadas entre enero y mayo (4 millones más que el año pasado). En la Argentina, el informe señala un nivel de cosecha del 91,7% con rindes un 2% superiores al promedio, aunque los productores solo han fijado precio sobre el 19% de la producción.
Por su parte, el maíz fue el cultivo más golpeado, tocando precios mínimos de los últimos ocho meses en Chicago debido a las proyecciones de una excelente campaña estadounidense (siembra al 93% y 67% bueno/excelente) y al inicio de la recolección del maíz safrinha en Mato Grosso, Brasil. En el plano local, la recolección avanza sobre el 40,6% del área total y los productores ya llevan comercializadas 21 millones de toneladas (32,9% de la producción), pero el ritmo de ventas se desaceleró por la caída de las cotizaciones.
El Trigo local: Récord de siembra pero con cautela comercial
En el mercado del trigo, la presión está liderada por el ingreso de la cosecha del hemisferio norte, donde Rusia elevó sus estimaciones a 91,5 millones de toneladas y Europa logró sortear con menor impacto del esperado la ola de calor. En contraste, Australia proyecta una fuerte caída productiva (26,7 millones de toneladas frente a las 35,7 millones del ciclo previo) bajo la influencia de las alertas por el fenómeno de El Niño.
En la Argentina, el informe señala un ritmo récord de implantación, que ya cubre el 32,4% de la superficie gracias a las excelentes condiciones de humedad en los perfiles de suelo. Sin embargo, los precios locales sintieron el impacto internacional y retrocedieron desde la zona de los 235 dólares hasta los 210 dólares por tonelada actuales.
"Estamos viendo un escenario muy parecido al de la campaña 2024/25. Los buenos precios iniciales impulsaron ventas tempranas, pero luego la baja frenó los negocios. El riesgo es que el productor llegue nuevamente a la cosecha con poca mercadería comprometida y termine convalidando valores más bajos", advierte Romano.
Hasta el momento, los productores argentinos comercializaron 1,4 millones de toneladas del nuevo ciclo (6,4% de la producción estimada), un ritmo que se ubica por debajo del promedio histórico del 8%. Frente a este escenario, Romano concluye que, si bien la evolución climática en Australia y otros competidores globales puede alterar el rumbo, la gran incógnita del mercado sigue siendo si este año se repetirá el patrón bajista del año anterior o si se dará una nueva ventana de oportunidad de precios.
