A pesar del escenario complejo por el costo de los insumos, el precio de los combustibles y el retroceso de las cotizaciones, los productores avanzaron con rapidez para aprovechar la humedad disponible en los primeros centímetros del suelo. Según datos de la Secretaría de Agricultura y Pesca, la siembra de trigo ya cubrió el 32% del área de intención a nivel país. Se trata del ritmo más alto desde que se tienen registros, al menos desde la campaña 1998/99.
En esta línea, el informe de GEA de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) explicó que este avance "relativamente vertiginoso" responde a la necesidad de aprovechar el agua disponible mientras las condiciones lo permitan. Sin embargo, el panorama productivo no está exento de ajustes, ya que para la zona núcleo se prevé un recorte del 12% interanual en el área sembrada.
En el plano comercial, los negocios de trigo 2026/27 acumulaban hasta el miércoles 3 de junio alrededor de 1,84 millones de toneladas. Ese volumen se ubica 30% por debajo del promedio de los últimos cinco años y también por debajo del ciclo anterior.
Los precios internacionales sumaron presión
La caída de los valores a cosecha se profundizó durante las últimas semanas, en un contexto marcado por el mercado global y por la inminente llegada de la oferta del hemisferio norte. En A3, la curva de futuros se desplazó 4% hacia abajo en dos semanas, con una baja de US$ 11,5 por tonelada para la posición enero.
En Estados Unidos comenzó la trilla de trigo de invierno, para el que se proyecta la menor cosecha desde la campaña 1972/73. Sin embargo, desde otras regiones, como Rusia, Ucrania, Canadá y la Unión Europea, llegan con mejores expectativas productivas, lo que agrega presión sobre las cotizaciones.
En este contexto, agencias privadas proyectan en Rusia una cosecha superior a 90 millones de toneladas, al menos 4 millones más que las primeras estimaciones del WASDE de mayo. En Francia, las condiciones del cultivo superan ampliamente las del año pasado, mientras que Ucrania espera una cosecha de granos mejor que la anterior.
Por su parte, el trigo norteamericano quedó como el origen menos competitivo entre los principales jugadores globales. La presión de oferta y el desarme de posiciones compradas por parte de los fondos especulativos empujaron una baja sostenida en Chicago, donde el contrato más cercano tocó los US$ 214 por tonelada, lejos del pico bianual de US$ 249 alcanzado a mediados de mayo.
Maíz en baja, mientras la soja se sostiene
En Chicago, el maíz perdió más de US$ 20 por tonelada en cuatro semanas y volvió a niveles previos a la escalada generada por el conflicto en Medio Oriente. La expectativa de una oferta global récord, con cosechas destacadas en Estados Unidos, Argentina y Brasil, explicó parte del cambio de tendencia.
En la Argentina, el precio de exportación para la cosecha tardía pasó de US$ 220 por tonelada a menos de US$ 200 en el último mes. Esa baja se trasladó al mercado interno, mientras los futuros de maíz entre julio y diciembre cedieron entre 3,6% y 2,4%.
Aun así, la Bolsa de Comercio de Rosario señaló que la Argentina sigue siendo el origen más atractivo para comprar en el mercado global. Tal es así que mantiene un ritmo de exportación récord de 14,2 millones de toneladas embarcadas hasta la fecha.
Mientras trigo y maíz registran caídas en los precios de compra ofrecidos en el mercado local, la soja se mantiene entre $460.000 y $465.000 por tonelada. En la última semana se comprometieron 1,3 millones de toneladas, de las cuales el 67% se pactó con precio hecho.
El sostén llegó principalmente desde el aceite de soja, que en Chicago superó los US$ 1.730 por tonelada, alcanzó máximos desde junio de 2022 y acumuló una suba del 59% en el año. Aunque el FOB argentino no copió con la misma intensidad esa suba, la mejora ayudó a sostener el poder de compra industrial y el precio disponible en el mercado interno.
Mientras el trigo avanza con una velocidad inédita, el maíz siente el peso de la oferta global y la soja encuentra respaldo en el complejo industrial, en un escenario donde las decisiones comerciales estarán atravesadas por la evolución de precios y por la necesidad de capturar oportunidades en medio de la volatilidad.
