avance biotecnológico

Científicos argentinos desarrollan una papa más resistente a la sequía y al calor

Investigadores de la FAUBA lograron un avance biotecnológico que mejora el desempeño del cultivo bajo condiciones de estrés hídrico. El desarrollo derivó en una patente internacional y podría aplicarse a otras especies agrícolas.

2 Jun 2026

En el marco del Día Internacional de la Papa, que se conmemora cada 30 de mayo por iniciativa de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), investigadores argentinos dieron a conocer un avance biotecnológico que podría contribuir a fortalecer la producción agrícola frente a los desafíos del cambio climático.

Se trata de un desarrollo realizado por especialistas de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA), que permitió incrementar hasta un 12% el rendimiento de la papa en situaciones de estrés hídrico y altas temperaturas, dos de los factores que más afectan la productividad de los cultivos. La investigación fue liderada por los equipos de Javier Botto y Deborah Rondanini, del Instituto de Investigaciones Fisiológicas y Ecológicas Vinculadas a la Agricultura (IFEVA), junto con docentes e investigadores de la FAUBA. El trabajo se centró en el estudio de mecanismos genéticos asociados al uso eficiente del agua por parte de las plantas.

Permitió incrementar hasta un 12% el rendimiento de la papa en situaciones de estrés hídrico y altas temperaturas, dos de los factores que más afectan la productividad de los cultivos.

A partir de la identificación y modificación de determinados genes, los investigadores lograron que las plantas mantengan niveles más elevados de fotosíntesis cuando enfrentan condiciones adversas de disponibilidad hídrica, mejorando así su desempeño productivo. "La papa sigue siendo un pilar fundamental para la seguridad alimentaria y también para el progreso económico global. Es un cultivo estratégico porque permite pensar respuestas concretas frente al hambre y, al mismo tiempo, generar innovación aplicada al sistema agroalimentario", destacó Deborah Rondanini.

Según explicó la investigadora, la papa fue utilizada como cultivo modelo para comprender procesos biológicos que luego podrían trasladarse a otras especies de importancia económica. "Al identificar lo que nosotros llamamos genes blancos, que son los que gobiernan ciertas respuestas de las plantas, podemos diseñar nuevas herramientas biotecnológicas para desarrollar cultivos más resilientes frente a los estreses ambientales", señaló. El alcance del proyecto no se limita al ámbito científico. El desarrollo dio lugar a una patente internacional generada en conjunto con el CONICET, lo que abre nuevas oportunidades de transferencia tecnológica hacia el sector productivo y potenciales aplicaciones comerciales vinculadas con una agricultura más sostenible.

"Al identificar lo que nosotros llamamos genes blancos, que son los que gobiernan ciertas respuestas de las plantas, podemos diseñar nuevas herramientas biotecnológicas para desarrollar cultivos más resilientes frente a los estreses ambientales"

Rondanini remarcó además que la investigación permitió avanzar en el conocimiento de los mecanismos biológicos que regulan la respuesta de las plantas ante condiciones ambientales adversas. "La transgénesis fue para nosotros una vía de conocimiento porque nos permitió entender qué genes participan en respuestas clave de la planta. A partir de ese conocimiento, podemos pensar herramientas de edición génica menos resistidas socialmente y con enorme potencial para mejorar cultivos como papa, tomate o soja en escenarios de mayor exigencia climática", afirmó.

La difusión de este avance coincide con una fecha que busca poner en valor el papel de la papa en la alimentación mundial. Con más de 5.000 variedades registradas, este cultivo constituye una de las principales fuentes de alimento para miles de millones de personas y desempeña un rol clave en la generación de empleo y desarrollo regional, especialmente entre agricultores familiares y pequeñas economías rurales. En un contexto marcado por la necesidad de producir más alimentos con menores recursos y bajo condiciones climáticas cada vez más exigentes, los investigadores sostienen que este tipo de innovaciones podrían convertirse en herramientas fundamentales para garantizar la seguridad alimentaria y la sostenibilidad de los sistemas productivos.

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