Tras un inicio de año marcado por fuertes subas, el mercado ganadero argentino ha ingresado en una fase de corrección y búsqueda de estabilidad. Los datos del último informe de ROSGAN reflejan un escenario de contrastes: mientras los indicadores de exportación muestran un dinamismo récord, la plaza doméstica comienza a exhibir límites claros para convalidar nuevos aumentos.
Hacienda gorda: el techo del consumo interno
A contramano de la tendencia histórica, donde marzo y abril suelen concentrar las mayores subas por una demanda más fluida, este año el ajuste se anticipó a febrero. Según la analista María Julia Aiassa, la magnitud de aquel incremento resultó difícil de digerir para el mostrador, lo que forzó una corrección técnica en los últimos 60 días.
En el mercado ganadero, los precios han comenzado a desinflarse desde los máximos de febrero: los novillos retrocedieron un 9%, mientras que novillitos y vaquillonas cayeron un 6%. Con una inflación mayorista que en el primer trimestre fue del 6,2%, frente a una suba nominal del gordo del 11%, el margen para nuevos saltos de precio parece agotado en el corto plazo, condicionado por un nivel de consumo que no logra absorber mayores traslados.
El desafío de la competitividad exportadora
Si bien el volumen exportado en marzo fue contundente, 61.644 toneladas, con un aumento interanual del 38%, la ecuación del exportador se ha vuelto más compleja. El Índice Novillo Mercosur superó por primera vez en la historia la barrera de los USD 5,00 por kilo, con Argentina liderando la región con una referencia de USD 6,34.
Sin embargo, según el informe, esta aparente fortaleza esconde un deterioro en la rentabilidad del sector. El aumento del costo de la hacienda pesada (9% en el caso del novillo durante el trimestre) convivió con un tipo de cambio oficial que se apreció más del 5% en términos reales, limitando la capacidad industrial para sostener o convalidar valores más altos por el ganado en pie.
Invernada: la apuesta por la retención y la capitalización en los campos
En los campos de cría, la estrategia del productor ha virado claramente hacia la capitalización de sus rodeos, priorizando la permanencia de la hacienda en el campo por sobre la venta inmediata. Aunque el Índice Ternero ROSGAN registró en abril su primera caída tras tres meses de alzas consecutivas, con un retroceso del 5,86% que situó la referencia en $6.410, los valores en términos reales siguen siendo excepcionales: se mantienen un 76% por encima del promedio histórico registrado desde 2010.
Esta menor urgencia de venta se explica por la solidez financiera que atraviesa el criador gracias a una mayor eficiencia de sus ingresos. "Con los valores vigentes, el productor obtiene hoy un 42% más de facturación por cada jaula vendida en comparación con el año pasado, lo que le permite cubrir sus costos operativos vendiendo un 30% menos de hacienda", destaca el informe.
El dato más elocuente de este proceso es la marcada retención de hembras. La participación de las vaquillonas en la oferta total de las subastas se desplomó del 37% al 26% en un año, llegando incluso a registrarse remates con oferta nula en la categoría de vaquillonas de invernada. Esta ausencia de hembras en el mercado es la señal más clara de que el productor ha decidido apostar a la reposición propia de vientres.
Perspectivas
El escenario actual combina una oferta de invernada reducida, con una baja interanual de 400 mil terneros en el primer trimestre, y un mercado de consumo interno que ha puesto un freno a la escalada de precios. En este contexto, para Aiassa, la ganadería local parece haber encontrado un plateau de valores, donde la retención de hacienda y la cautela de los compradores definen el nuevo ritmo de los negocios.
