Ciencia argentina

Neurus: la tecnología que convierte rayos cósmicos en sensores climáticos

Investigadores del CONICET desarrollaron en la Base Marambio un sistema que utiliza partículas del espacio para monitorear la atmósfera. El avance permite estudiar con precisión de frontera los cambios climáticos que impactan en toda la región, abriendo nuevas vías para el pronóstico meteorológico de alta sensibilidad

7 May 2026

Lo que comenzó como una misión para estudiar los misterios del espacio profundo se transformó en una herramienta clave para comprender nuestro propio planeta. Un equipo interdisciplinario de científicos del CONICET, la Universidad de Buenos Aires (UBA) y el Instituto Antártico Argentino (IAA) logró demostrar que el detector de rayos cósmicos Neurus es capaz de monitorear variables atmosféricas terrestres con una precisión inédita.

El estudio, publicado en la prestigiosa revista Earth and Space Science, revela que existe una correlación directa entre el nivel de rayos cósmicos y la presión atmosférica a unos 15 kilómetros de altitud. Este hallazgo es fundamental: permite usar a las partículas espaciales como "sensores naturales" para vigilar la baja estratosfera antártica, una región que funciona como el "motor" de muchos procesos climáticos que luego se desplazan hacia el continente.

¿Qué son los rayos cósmicos?

Según indican los especialistas, se trata de partículas subatómicas que viajan por el espacio a velocidades cercanas a la de la luz. Al chocar con los gases de la atmósfera terrestre, generan una "lluvia" de partículas secundarias. Neurus, diseñado y construido íntegramente en los laboratorios del Instituto de Astronomía y Física del Espacio (IAFE), registra estos impactos mediante un tanque de agua ultrapura que capta los destellos de luz (efecto Cherenkov) que dejan las partículas al pasar.

"El enfoque ofrece un método potencialmente práctico y rentable para monitorear la baja estratosfera en la Antártida, una región que desempeña un papel fundamental en los procesos atmosféricos globales", señala Sergio Dasso, doctor en Ciencias Físicas e investigador del CONICET.

Un laboratorio de precisión en el hielo

Instalado en la Base Antártica Conjunta Marambio, el detector registra unas 600 mil partículas por hora. Debido a este volumen masivo de datos y a las dificultades de conectividad, el equipo desarrolló un sistema de telemetría de vanguardia que procesa la información localmente y envía una síntesis en tiempo real al continente.

El equipo de investigación en la Base Marambio. Fuente: CONICET.

"Este desarrollo es pionero y original, ya que no existen otros observatorios de estas características operando actualmente en suelo antártico", destaca Noelia Santos, doctora en Ciencias de la Atmósfera y primera autora del estudio. El proyecto ya cuenta con un segundo nodo en la Base San Martín, lo que permite comparar la dinámica de la radiación en distintos puntos de la península antártica.

Impacto en la meteorología y el agro

Aunque el estudio nace de la física espacial, sus aplicaciones en la Tierra son directas. Entender mejor la dinámica de la atmósfera antártica es el primer paso para perfeccionar los modelos de pronóstico meteorológico de largo alcance y la detección de eventos climáticos extremos.

En un escenario de cambio climático global, donde la agricultura depende cada vez más de la precisión de los datos, el uso de rayos cósmicos como sensores ambientales se perfila como una innovación estratégica. Según concluye Santos, estos resultados consolidan una perspectiva innovadora que abre nuevas vías para monitorear y entender mejor los desafíos que plantea la evolución del clima desde la física de frontera. 

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