En el marco de la Semana de la Miel, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), junto con la Cámara Argentina de Fraccionadores de Miel (CAFRAM) y la Sociedad Argentina de Apicultores (SADA), impulsan una agenda estratégica para visibilizar el rol de las abejas y fortalecer la actividad en el país. Argentina es un jugador clave en el mercado global, con producción en 22 provincias y una biodiversidad que permite ofrecer más de 80 tipos de miel según su origen botánico.
Pese a este potencial, existe una brecha marcada: mientras el país exporta a granel el 95% de sus 80.000 toneladas anuales, el consumo interno ronda apenas los 200 gramos per cápita, una cifra ínfima comparada con mercados como el de Alemania, donde se supera el kilo por persona.
Más que un endulzante: un motor productivo
La apicultura argentina no es solo una actividad extractiva, sino un pilar de la seguridad alimentaria. "Detrás de cada frasco hay un productor que combina saberes ancestrales con innovación", destaca María Julia Cabello, responsable de Desarrollo Rural Sostenible de la FAO en Argentina.
El impacto de la actividad trasciende el producto final: el 75% de los cultivos destinados a la alimentación dependen, en parte, de la polinización. Por ello, fortalecer la apicultura impacta directamente en la productividad agrícola y en la sostenibilidad de los sistemas.
En este mapa, Buenos Aires lidera con el 44% de la producción nacional, aunque la actividad motoriza economías regionales en casi todo el territorio, ofreciendo perfiles diferenciados de sabor y color que aún tienen baja visibilidad en las góndolas locales.
Hacia un mercado de origen
El desafío del sector radica en posicionar la miel más allá de sus usos medicinales. Gran parte del consumo doméstico actual no distingue origen ni tipo, lo que representa una oportunidad para agregar valor.
Según Cabello, el interés creciente por alimentos naturales abre una ventana para los productores locales: "En este contexto, la miel tiene potencial para posicionarse con mayor valor en el mercado local. Esto podría traducirse en mejores oportunidades para el sector y en un mayor desarrollo de las economías regionales", concluye la referente de la FAO.
