A 11 años de la primera movilización de Ni Una Menos, la Asociación Civil Mujeres de la Ruralidad Argentina (MRA) llamó a visibilizar una problemática que también atraviesa al campo, pero que muchas veces queda fuera de la agenda pública, judicial y mediática. En este contexto, la presidenta de la entidad, Patricia Gorza, sostuvo que la violencia de género no reconoce fronteras entre lo urbano y lo rural, aunque en cada territorio adquiere características particulares.
"Nosotras desde la organización, desde MRA, convocamos hoy a que las mujeres puedan acercarse a la plaza que le quede más cerca de su localidad, de su pueblo, a apoyar la convocatoria de ni una menos", expresó Gorza. Y remarcó que la ruralidad tiene "una implicancia geográfica con un montón de particularidades", pero "si hay algo a lo que no es ajena, es a la violencia y a la violencia de género en particular".
La dirigente rural planteó que el reclamo también interpela a las mujeres vinculadas al agro porque, antes que cualquier otra identidad laboral o territorial, se trata de una problemática que atraviesa a todas. "Ante todo somos mujeres, más allá de dónde vivamos y a qué nos dediquemos", afirmó.
Denunciar en la ruralidad, una barrera más
Uno de los puntos centrales señalados por Gorza fue la dificultad para denunciar que tienen aquellas mujeres que viven en pueblos pequeños, campos y parajes alejados. Según explicó, las distancias y la dependencia para trasladarse pueden convertirse en obstáculos decisivos para pedir ayuda.
"Es muy difícil para una mujer que vive en el ámbito rural denunciar por un montón de cuestiones que tienen que ver con la distancia, porque muchas de ellas ni siquiera tienen acceso a ir solas a la ciudad, le tendrían que pedir a su agresor que las lleve a hacer la denuncia", gráfico la representante rural.
La situación se complejiza aún más en localidades chicas, donde quienes deben intervenir institucionalmente pueden tener relación directa con el agresor. En este sentido, Gorza lo graficó con crudeza, al sostener: "Vos pensás que en el pueblo muy chiquito el juez de paz es el es el que va a jugar al fútbol con el agresor", señaló, al advertir que esa cercanía "genera toda una serie de complejidades a la hora de de que la denuncia sea tomada con la seriedad que tiene que ser tomada".
Además, la dirigente señaló que "muchas veces, cuando suceden casos como estos, no tienen visibilidad, no tienen impacto mediático porque no están en una gran ciudad". Y agregó que pueden pasar desapercibidos "muchas veces con otras carátulas que no son las reales".
La Justicia, ante un desafío pendiente
La Asociación Civil Mujeres de la Ruralidad Argentina fue convocada por la Oficina de la Mujer de la Corte Suprema de Justicia para participar de charlas sobre violencia en las ruralidades. Allí participaron más de 600 personas de todo el país, entre jueces de paz, fiscales y referentes de localidades pequeñas.
En ese ámbito, la entidad planteó la necesidad de repensar las herramientas institucionales. Entre ellos, Gorza enumeró: "los mecanismos de perimetral, no sirven a la ruralidad, los mecanismos de botón antipánico, los mecanismos de la toma de denuncias, sobre todo, y la prevención para que las mujeres se animen a denunciar".
La presidenta de MRA fue tajante al señalar que las respuestas urbanas no siempre sirven en el campo. "¿Cómo se hace una perimetral en un campo?", cuestionó. Para Gorza, "hay como una un abordaje de la violencia en los casos de ruralidad que no está pensado", ya que "no hay un protocolo armado para la ruralidad, ni de parte de la justicia, ni del servicio de seguridad".
Los datos oficiales del Registro Nacional de Femicidios de la Justicia Argentina identificó 204 causas judiciales iniciadas en 2025, con 200 víctimas directas y 19 víctimas vinculadas. En promedio, hubo una víctima directa cada 44 horas en el país. Además, en al menos el 83% de los casos la víctima tenía un vínculo previo con el sujeto activo y en el 44% de los vínculos se registraron hechos previos de violencia de género.
UNICEF advirtió sobre vulnerabilidades persistentes
La preocupación expresada desde Mujeres de la Ruralidad Argentina también dialoga con los informes recientes de UNICEF sobre niñas, adolescentes y mujeres. En su reporte global Girl Goals 2025, el organismo advirtió que las niñas de hogares rurales pobres y comunidades marginadas tienen menos posibilidades de completar la educación secundaria superior, una desigualdad que condiciona el acceso a información, autonomía económica, redes de apoyo y recursos para salir de contextos violentos.
Para Gorza, el abordaje requiere información, participación y una agenda sostenida. "El dato mata al relato", sostuvo, al pedir que las mujeres compartan estadísticas, se involucren en espacios locales y no permitan que el tema desaparezca después de cada movilización. "No hay que olvidarse dentro de una semana de que esto sigue pasando todos los días", expresó.
La dirigente cerró con una definición que buscó dejar fuera cualquier grieta. "La violencia no tiene ideología. Nos mata a todas, votemos a quien votemos", afirmó. Y convocó a sostener el reclamo más allá de la fecha. "No es divertido militar Ni una menos los 365 días del año. No, es incómodo, es tedioso, es triste y genera angustia. Pero si no lo hacemos nosotras, ¿quién lo va a hacer?"
En esa misma línea de trabajo, el próximo 3 de octubre tendrá lugar la tercera edición del Foro Internacional de Género y Ruralidad, impulsado por Mujeres de la Ruralidad Argentina. El encuentro se realizará este año en Mar del Plata y buscará profundizar el debate sobre las desigualdades, violencias y desafíos que enfrentan las mujeres en los territorios rurales.
