La FAO, a través de la EuFMD, encendió las alarmas en Europa tras advertir un incremento significativo del riesgo de propagación de la fiebre aftosa, particularmente en el sudeste del continente. El foco de preocupación radica en la expansión del serotipo SAT1 fuera de su área histórica -limitada al África subsahariana- y su detección en regiones como Oriente Próximo, Asia Occidental y sectores de Europa.
El foco de preocupación radica en la expansión del serotipo SAT1 fuera de su área histórica -limitada al África subsahariana- y su detección en regiones como Oriente Próximo, Asia Occidental y sectores de Europa.
El cambio en el patrón epidemiológico representa un desafío inédito para los sistemas sanitarios europeos. A diferencia de los serotipos tradicionales que han circulado en la región, el SAT1 encuentra a gran parte del rodeo bovino sin inmunidad previa, lo que incrementa la vulnerabilidad frente a una eventual introducción del virus.
Un escenario más complejo por la coexistencia de cepas
La situación se agrava por la circulación simultánea de dos variantes del SAT1 -los topotipos I y III-, con diferencias en comportamiento epidemiológico y respuesta inmunitaria. Esta diversidad dificulta la trazabilidad de los brotes y podría comprometer la eficacia de las vacunas disponibles, diseñadas principalmente para otros serotipos más frecuentes como O y A. A este escenario se suma la presencia, aunque con menor incidencia, de otros serotipos como O, A y SAT2, configurando un cuadro de co-circulación viral más propio de regiones endémicas que de territorios europeos.
Esta diversidad dificulta la trazabilidad de los brotes y podría comprometer la eficacia de las vacunas disponibles, diseñadas principalmente para otros serotipos más frecuentes como O y A.
Semanas críticas: movimientos animales y mayor riesgo de diseminación
Según los organismos internacionales, el riesgo se intensifica en el corto plazo. Las próximas semanas concentran factores de alto impacto epidemiológico, como los movimientos de animales vinculados a festividades religiosas, la trashumancia estacional y el aumento del tránsito de personas, vehículos y equipos. La fiebre aftosa se caracteriza por su elevada contagiosidad y capacidad de propagación indirecta a través de fómites, como ropa, calzado o transporte contaminado, e incluso por vía aérea bajo ciertas condiciones ambientales.
Impacto económico y comercial en juego
Un eventual brote en la Unión Europea podría desencadenar consecuencias inmediatas y severas: suspensión de exportaciones de carne y productos ganaderos, sacrificios sanitarios masivos, restricciones a la movilidad interna de animales y costos millonarios asociados al control y erradicación de la enfermedad. Gran parte del territorio europeo mantiene el estatus de libre de aftosa sin vacunación, lo que aumenta la sensibilidad frente a cualquier incursión viral.
Gran parte del territorio europeo mantiene el estatus de libre de aftosa sin vacunación, lo que aumenta la sensibilidad frente a cualquier incursión viral.
Refuerzo de medidas y prevención
Frente a este escenario, el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación de España recomendó intensificar la limpieza y desinfección de transportes, reforzar la bioseguridad en establecimientos ganaderos, aumentar la vigilancia en los puestos de control fronterizo y promover la notificación temprana de cualquier sospecha clínica. A nivel regional, también se revisan planes de contingencia, se evalúan bancos estratégicos de vacunas y se impulsan ejercicios de simulación para mejorar la capacidad de respuesta ante emergencias sanitarias.
Una señal de alerta global
Aunque el foco está puesto en Europa, la situación refuerza la necesidad de mantener sistemas sanitarios robustos a nivel global. Países exportadores como Argentina siguen de cerca la evolución del escenario, conscientes de que la dinámica de las enfermedades transfronterizas puede impactar tanto en la sanidad animal como en los mercados internacionales.
