La lechería argentina comenzó el 2026 con un fuerte crecimiento productivo, impulsado principalmente por un aumento en la cantidad de vacas en ordeñe. De acuerdo con el último Reporte de Actualidad CREA, en febrero la producción nacional registró una suba interanual del 10,6%, ubicándose también por encima del promedio de los últimos cinco años.
Sin embargo, en los próximos meses las proyecciones indican que el crecimiento se desaceleraría, cerrando el año con un incremento cercano al 3,5%. En ese contexto, el desafío dejó de ser producir más para centrarse en la capacidad de absorber esa mayor oferta. Este cambio de foco marca un cambio de rumbo en el sector, donde el crecimiento reciente se sostuvo más por expansión del rodeo que por mejoras en la productividad individual, generando dudas sobre su sostenibilidad.
La diferencia entre las exportaciones y el mercado interno
En el acumulado hasta febrero de 2026, las exportaciones de productos lácteos crecieron un 17% en volumen y un 8,3% en facturación interanual, superando el promedio de los últimos cinco años. Este impulso estuvo explicado principalmente por mayores envíos de leche en polvo, quesos y otros derivados, en un contexto donde los precios internacionales, si bien fueron moderados respecto a los picos de 2025, se mantuvieron en niveles relativamente sostenidos.
A nivel local, si bien las ventas en volumen mostraron una mejora respecto a los niveles deprimidos de 2024, se mantuvieron por debajo de 2025 y del promedio histórico. La demanda continuó siendo débil y selectiva, con algunos productos mostrando señales de repunte y otros, sobre todo los de mayor valor.
Esta dinámica estuvo fuertemente condicionada por el contexto macroeconómico, con impacto de la inflación y cambios en el poder adquisitivo. En este marco, el consumo lácteo quedó atado a la evolución de la economía general, lo que limita su capacidad de absorber rápidamente el aumento de la producción.
Costos en alza y efectividad
En el plano del negocio, el precio de la leche mostró una suba moderada del 1,4% tras la estabilización cambiaria, sin lograr acompañar el incremento de costos clave. Mientras algunos insumos dolarizados se mantuvieron estables o a la baja, el gasoil y los salarios avanzaron por encima del precio del litro.
Esta dinámica deterioró el poder de compra del productor y profundizó la presión sobre los márgenes. Este contexto dejó en evidencia que el aumento de la producción no se traduce necesariamente en una mejora de los resultados económicos.
En este contexto, la eficiencia en el uso de los recursos comenzó a marcar diferencias entre sistemas productivos. Los esquemas intensivos, aunque enfrentaron mayores costos de alimentación, lograron compensarlos con una mayor producción individual, sosteniendo mejores resultados.
Por el contrario, los sistemas pastoriles y semi intensivos mostraron una menor capacidad de transformar el gasto en producción de leche, lo que redujo su margen operativo. Así, el eje del negocio dejó de centrarse únicamente en reducir costos para enfocarse en cómo transformar esos costos en mayor productividad.
Con este panorama, el principal desafío para la lechería argentina se consolidó en equilibrar una oferta en crecimiento con una demanda que aún no termina de reaccionar. En un escenario marcado por mayor producción, impulso exportador y una recuperación interna lenta, la clave pasará por sostener precios, mejorar la eficiencia y asegurar canales de comercialización que permitan absorber la producción sin deteriorar el negocio.
