"Un árbitro en el mercado de soja"

14 Ene 2013

Es un dato confirmado que la cosecha estadounidense de la campaña 2012/2013 mostró un tremendo fracaso en el caso del maíz y un volumen productivo de soja que sorteó muy bien la sequía del verano en dicha nación y que superó las expectativas previas.

Ahora es el momento de evaluar el comportamiento de la demanda ante cotizaciones que continúan siendo históricamente altas (a pesar de los últimos ajustes) y de monitorear la producción sudamericana de soja.

Respecto de la conducta de la demanda, es necesario reconocer que la misma se ha mostrado muy activa y sostenida, más allá de las previsibles y habituales "jugadas" de los chinos, con sus últimas anulaciones de negocios con soja estadounidense.

La pulseada entre los tres excluyentes proveedores (EE.UU., Brasil y la Argentina) y los numerosos países importadores de los productos del complejo sojero (liderados por China) no es fácil de imaginar, pero es muy importante destacar que EE.UU. ya ha comprometido en los cinco meses que van de la campaña 2012/2013 el 85 por ciento de su excedente exportable y que en Brasil los productores ya habrían vendido cerca del 60 por ciento de la cosecha que acaba de iniciarse.

A contramano

Así, la actitud de la oferta de los productores argentinos, que al momento sólo han vendido un escaso 10 por ciento de la posible producción, se torna crucial. Estamos promediando enero y la probabilidad de que la cosecha de América del Sur resulte récord es muy alta.

Más allá de la opinión del USDA, en el mercado se especula con un volumen cercano a los 150 millones de toneladas, contra los 116 millones del año pasado y los 135 millones de toneladas de la campaña 2010/2011. Ello debiera pesar sobre las cotizaciones de la oleaginosa y asegurar que el derrape de las mismas continúe. Pero la cuestión no será tan sencilla.

Por un lado, resulta claro que una supercosecha como la que se estima para Brasil representa un desafío mayúsculo en materia de logística. En nuestras pampas, por el otro, el productor argentino ha tomado una decisión. Más allá de que la misma sea acertada o no, ha privilegiado la comercialización de cebada, trigo y de maíz y ha decidido "nominar" a la soja como refugio de valor en defensa del patrimonio.

En un país en el cual la decisión de las autoridades es "prohibir" el ahorro para incentivar el consumo (históricamente los argentinos canalizaron sus excedentes en dólares o en ladrillos, ambas posibilidades hoy muy restringidas), la historia no es para menospreciar. No hay un precio (ni lo va a haber) al cual el productor argentino tenga previsto "gatillar" la venta de la soja y sería saludable que los compradores vayan tomando nota de dicha realidad.

Momento de coberturas

Así las cosas, el productor argentino se va constituyendo en el "arbitro" del partido de la soja. Aún así, es cierto que va a ser muy difícil contrarrestar el natural efecto bajista de la estacionalidad de la oferta sudamericana en los próximos tres a cuatro meses. Es por ello que seguimos aconsejando efectivizar coberturas flexibles (ventas forward más compra de puts combinados con venta de calls) para el volumen que por necesidades económico/financieras cada productor debe comercializar en plena cosecha.

Pero el escenario de precios al promediar el año tendrá otros factores de mercado para ponderar. El clima en el hemisferio norte para el verano boreal y, particularmente, las proyecciones de cosecha para dicho período en los Estados Unidos, se instalarán como las cuestiones a monitorear.

Siempre es útil recordar que, gracias a las excelentes herramientas que brindan los mercados de futuros y de opciones sobre futuros (Mercado a Término de Buenos Aires o Rofex) cobra vigencia una afirmación que este año se nos ocurre no será para despreciar: el productor argentino tiene más de siete u ocho meses para ponerle precio a su producción de soja y los tiempos del mercado existen. La soja ya ha demostrado ser muy generosa a la hora de dar oportunidades. 

Fuente: Nóvitas S.A.

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