Las bodegas argentinas vuelven a quedar en la mira de la política exterior norteamericana. Esta vez, por una decisión del presidente Donald Trump, que anunció un incremento de aranceles del 2% al 10% para los vinos importados, en una medida que también alcanza a otros sectores como energía, alimentos y químicos. El anuncio, bautizado en Washington como el "Día de la Liberación", genera una nueva tormenta comercial con impacto directo en las economías regionales de Argentina.
La industria vitivinícola nacional venía arrastrando problemas estructurales: inflación, tipo de cambio volátil, baja competitividad y pérdida de mercados frente a países con acuerdos comerciales más favorables. Ahora, la suba de aranceles pone en jaque los esfuerzos por sostener las exportaciones al principal destino del vino argentino fuera de América Latina.
Menos ventas, más obstáculos
Según datos de Bodegas de Argentina, en 2024 no se logró superar la barrera de los 200 millones de litros exportados. La baja rentabilidad, combinada con una menor inversión en promoción y marketing frente a competidores como Chile, Australia y Francia, explica la caída en volumen y valor.
El nuevo escenario puede agravar ese retroceso. Mientras que Chile, que tenía beneficios arancelarios por acuerdos comerciales, también pagará ahora el 10%, otros países como Francia, Italia y España enfrentarán aranceles de hasta el 20%. Incluso Sudáfrica verá subir sus tarifas al 30%. Sin embargo, lejos de ser una ventaja para Argentina, esto podría traducirse en una mayor fragmentación del mercado y competencia desleal.
Trump redibuja el mapa comercial
Un informe de la consultora Wise Capital advierte que esta es una de las ofensivas comerciales más agresivas de los últimos tiempos, y anticipa represalias por parte de los países afectados. La Cámara de Exportadores de la República Argentina (CERA) también alertó sobre el posible freno a acuerdos en negociación como el Mercosur-Unión Europea, y sugirió que la inestabilidad actual podría acelerar o enterrar esos pactos.
Entre las alternativas que se manejan están desde la adopción de medidas espejo -es decir, contraaranceles- hasta negociaciones bilaterales o una postura más pasiva en espera de un cambio de escenario político o económico internacional.
Competitividad y márgenes en jaque
A pesar del deterioro, Estados Unidos sigue siendo el destino más relevante para el vino argentino, por el precio promedio que allí se paga y la penetración que las marcas nacionales ya lograron. Esto da margen, pero también obliga a replantear estrategias.
Bodegas de Argentina sugiere enfocar los esfuerzos en el segmento premium, desarrollar marcas con identidad clara y diferenciada, cuidar los canales de distribución y fortalecer el vínculo con importadores locales. También destaca el rol del comercio electrónico y la comunicación digital como herramientas para compensar el nuevo sobrecosto.
¿Oportunidad en la crisis?
Paradójicamente, los mayores aranceles para otros países también abren una pequeña ventana para los vinos argentinos más posicionados, que podrían ocupar espacios que marcas europeas dejarán vacantes. Pero eso exige inversión, planificación y una visión de largo plazo, en un contexto en el que sobran las urgencias.
Mientras tanto, el desafío más inmediato será sostener lo ya ganado y evitar una mayor pérdida de participación en un mercado que representa tanto en términos de prestigio como de rentabilidad.
