La campaña 2025/26 de trigo marcó un récord gracias al volumen cosechado, pero ese logro productivo no se tradujo en una mejora en términos económicos. El monitor de relaciones insumo-producto de la Confederación Intercooperativa Agropecuaria (Coninagro) señala que, en un contexto de precios internacionales deprimidos, las principales relaciones insumo-producto del cereal se deterioraron tanto frente al año anterior como en comparación con los promedios de los últimos cinco años.
Para cubrir un flete de 300 km por tonelada se necesitaron 213 kg de trigo en enero, mientras que el promedio de los últimos cinco años fue de 135,5 kg, esto implica un encarecimiento del 57%. Incluso en la comparación interanual el deterioro es marcado, ya que en enero de 2025 se requerían 163,4 kg. En este contexto, la logística absorbe una porción creciente del ingreso bruto del productor y limita el margen disponible para inversiones.
Esto mismo sucede en relación al gasoil, ya que en enero de 2026 fueron necesarios 7,5 kg de trigo para comprar un litro de combustible, cuando el promedio de los últimos cinco años fue de 4,7 kg, es decir, se produjo un incremento del 55%. En comparación con el mismo periodo del año anterior, la relación trigo-combustible también empeoro, ya que ese entonces eran necesarios 6,8 kg.
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En cuanto a la relación del cereal con maquinaria agrícola, para adquirir una cosechadora se necesitaron 1.057 toneladas de trigo en enero de 2026, frente a 1.406 toneladas en enero de 2025. Esto representa una mejora interanual cercana al 25% en la capacidad de compra. Sin embargo, el nivel actual aún es superior en comparación con el promedio de los últimos cinco años.
Carne: una realidad paralela
El sector ganadero atraviesa uno de sus mejores momentos en términos de relaciones insumo-producto, con precios en niveles históricamente elevados que fortalecen el poder de compra. De acuerdo con el monitor, el poder adquisitivo promedio de la hacienda muestra una mejora interanual del 25%, construyendo un escenario más favorable que el del año pasado.
En comparación con el promedio de los últimos cinco años, la actividad también logró una mejora cercana al 20%. En este sentido, para adquirir una hectárea de campo en zona de cría se necesitaron 702 kg de ternero en enero de 2026, mientras que el promedio de los últimos cinco años fue de 1.351 kg, lo que implica una mejora del 48% frente a ese parámetro histórico y una mejora del 29% respecto de enero de 2025.
Sin embargo, en la relación entre novillo-ternero en enero de 2026 se necesitaron 1,4 kg de novillito para comprar 1 kg de ternero, una relación que, si bien mejora levemente frente al año pasado (-4%), se ubica 6% por encima del promedio de cinco años. Esta relación pone en evidencia que la reposición continúa siendo exigente, a pesar de ello, el panorama general de la carne bovina es favorable.
Soja: mejora parcial
En el caso de la soja, para comprar 1 kg de fertilizante DAP se necesitaron 2,4 kg de en enero de 2026, mientras que en enero de 2025 se requerían 2,9 kg. Esta disminución representa una mejora interanual del 15% en la relación insumo-producto y reduce parcialmente el costo relativo de implantación.
También se observa una mejora en la relación con maquinaria, ya que en enero de 2026 se necesitaron 1.238 toneladas de soja para adquirir una cosechadora, mientras que en enero del año anterior eran necesarias 1.650 toneladas, lo que implica una mejora interanual del 25%. Es decir, hoy se requieren 400 toneladas menos que en 2025 para acceder al mismo bien de capital.
Maíz y leche: el costo de la alimentación
En cuanto al maíz, para adquirir una cosechadora se necesitaron 1.064 toneladas de maíz en enero de 2026, frente a 1.426 toneladas en enero de 2025, lo que implica una mejora interanual cercana al 25% en la capacidad de compra. Sin embargo, cuando la comparación se realiza contra el promedio de los últimos cinco años, el nivel actual todavía se ubica por encima de ese parámetro histórico, lo que indica que, si bien el maíz mejoró frente al año pasado, no recuperó plenamente su poder adquisitivo promedio en términos de inversión en maquinaria.
No obstante, el impacto se vuelve relevante en relación con la cadena lechera. En este sentido, para adquirir 1 tonelada de maíz se necesitaron 575 litros de leche en enero de 2026, frente a 468 litros en enero de 2025, lo que implica un encarecimiento del 23% interanual. Además, cuando la comparación se realiza contra el promedio de los últimos cinco años, la relación también se ubica por encima de ese nivel histórico, lo que confirma que no se trata solo de un deterioro puntual, sino de una presión sobre el costo de alimentación.
Este aumento en la relación leche/maíz presiona directamente los costos del tambo, ya que el maíz es uno de los principales componentes de la dieta en sistemas intensivos. En un contexto donde otras relaciones insumo-producto de la lechería muestran mejoras frente al promedio quinquenal, el maíz es el principal factor de tensión en la relación de compra del sector.
Por su parte, la lechería muestra un panorama intermedio, ya que si bien en la comparación interanual algunas relaciones no resultan favorables, frente al promedio de los últimos cinco años aparecen mejoras en la capacidad para adquirir determinados activos. En este contexto, en línea con la mejora general de poder de compra ronda el 20% frente al promedio quinquenal en algunos indicadores productivos.
La información elaborada por Coninagro confirma que el agro argentino avanza a distintas velocidades. Mientras el trigo demuestra que una cosecha récord no garantiza rentabilidad si los precios internacionales no acompañan y los costos estructurales se encarecen, la carne logra capitalizarse mediante precios firmes, mejorando su capacidad de inversión. En otros casos, la recuperación reciente no logra revertir márgenes estructurados y viceversa. En este escenario, la clave ya no pasa solo por producir más, sino por cuánto poder de compra genera cada tonelada o litro vendido.
