A la larga, los defaults se pagan

26 Jul 2015

Mucha gente opina que no pagar las deudas públicas a su vencimiento no trae grandes consecuencias, pues el sistema financiero no tiene un recuerdo muy firme de los problemas pasados y es posible volver a obtener préstamos internacionales en un tiempo relativamente corto. Esta posición, usando argumentos similares, también la defienden profesionales y hasta ministros nacionales. 

No es así. El Gobierno que no honra sus deudas sino que aumenta automáticamente el riesgo país y por lo tanto dificulta la competitividad de toda la producción que opera en ese territorio, pues la tasa de interés por deudas públicas o privadas dentro de los límites nacionales es mucho mayor. Como ejemplo podemos comparar las colocaciones de deuda de Argentina de los últimos meses, donde pagamos 9 % en dólares, contra 4% de Uruguay. 

Hemos venido haciendo esta política de negar las deudas como una tradición nacional, desde el primer empréstito internacional que nos otorgó la banca BaringBrothers en 1824.  

Es cierto que después se comprendió que esa práctica era muy perjudicial para el país y lentamente pudimos recuperar el crédito. Para 1918 ya éramos investment grade según Moody's (una de las agencias que califica la deuda de cada país). En efecto, dicha agencia calificó nuestra deuda con el nivel "A", igual que Suiza, Bélgica y otros países europeos, lo que significaba que estábamos 6 escalones más arriba de lo que tenían los países inestables (speculative grade). 

Desde allí nuestros políticos, en tanto logran que alguien les preste, se endeudan para hacer política sin pensar en las consecuencias y el Gobierno que viene después tiene que hacer frente a los compromisos que son insostenibles por lo que no puede honrarlos, aunque "pagan" el costo político de hacer el ajuste de las variables desordenadas y declarar la cesación de pagos. 

Es lamentable como se ha conducido el país en este sentido desde 1930 en adelante y esta última década no ha sido la excepción, pues después de 14 años de la crisis del 2001 aún no logramos salir del default.  

Además estamos en desacato con los tribunales de Estados Unidos, donde está el 40% del mercado financiero mundial, tribunales que ofrecimos nosotros mismos como garantía de que esta vez sí íbamos a cumplir. Desde 1918 hemos bajado 15 escalones en la credibilidad de pago de nuestra deuda: es vergonzoso. 

Recordémosle a los políticos que dentro de cada producto, así como hay incorporado costo salarial, también hay costo financiero y que si éste no es casi igual que el internacional, no vamos a poder competir y quedamos afuera del mercado. 

En algunos casos las empresas internacionales consiguen financiarse con créditos internacionales a tasas competitivas lo que les permite seguir compitiendo, pero ¿qué pasa con las empresas nacionales, especialmente las Pymes? A éstas les resulta imposible llegar al mismo costo que sus competidores de otros países, en particular en aquellos productos que necesitan mucho tiempo de elaboración y que requieren mucho financiamiento, por ejemplo, quesos. 

Lo mismo ocurre con maquinaria agrícola, vinos, y en mayor o menor grado, con todos los productos, pues todos contienen costo financiero y hay que generar con la venta del producto el cash flownecesario para pagar las deudas respectivas. 

No podemos con esta política nacional del default, pues nos saca de competencia. Nunca más tenemos que caer en default y este Gobierno, que dice haberse desendeudado con el exterior, ahora desesperadamente se está endeudando con tal de llegar al 10 de diciembre con la última gota de reservas y dejarle la herencia al que viene después.  

El Swap con China, las deudas colocadas en dólares en el mercado local a tasas del 9%, el atraso de pago con los importadores, el atraso grande en el giro de dividendos al exterior, la mayor colocación de deuda en el mercado local tanto para el Tesoro como por parte del BCRA, son ejemplos de esto que está ocurriendo. Debemos erradicar el default, es una decisión muy mala para el país. 

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