La vitivinicultura argentina atraviesa un escenario complejo, marcado por menor dinamismo comercial, dificultades productivas y preocupación laboral. En ese contexto, desde la Federación de Obreros y Empleados Vitivinícolas y Afines (FOEVA) advirtieron que la situación ya golpea tanto a trabajadores como a productores, en una actividad que acumula tensiones desde hace al menos dos años.
El secretario de Prensa de FOEVA, Daniel Romero, describió el nivel de imprevisibilidad que enfrenta hoy el sector y aseguró que "hay uvas en la bodega que todavía no tienen ni precio". La frase sintetiza una preocupación que va más allá de la cosecha y que se extiende sobre toda la cadena productiva, desde la viña hasta la elaboración y comercialización del vino.
Según explicó el referente gremial, la retracción del consumo interno y las complicaciones para colocar productos en el exterior se combinaron con contingencias climáticas que afectaron a distintas regiones vitivinícolas. Heladas tardías, lluvias y granizo impactaron especialmente en zonas altas, donde la producción quedó más expuesta a pérdidas y menores rendimientos.
El salario quedó en el centro de la tensión
La preocupación también se trasladó al plano laboral. Al respecto, desde FOEVA sostienen que los ingresos de los trabajadores quedaron muy rezagados frente al avance de los precios y advierten que la actividad no logra recomponer el poder adquisitivo perdido.
En este sentido, Romero planteó: "El precio que está un vino en la góndola no coincide con lo que está cobrando hoy un trabajador vitivinícola". De acuerdo con los datos difundidos por el gremio, un trabajador de viña percibe alrededor de 786 mil pesos, mientras que en bodega los salarios rondan los 955 mil pesos.
Otro de los puntos cuestionados es el funcionamiento de las negociaciones paritarias. Desde la organización denunciaron demoras en las homologaciones de los acuerdos salariales y pusieron en duda la libertad real de las discusiones. Al respecto, Romero fue contundente al señalar que "las paritarias libres son mentira", y que los aumentos terminan perdiendo valor frente a la inflación acumulada.
Menos trabajadores temporarios en la cosecha
Además, de acuerdo con la entidad, este año hubo menor circulación de trabajadores temporarios debido a los bajos valores pagados por el tacho de uva. Se trata de una situación que redujo el atractivo de la actividad para quienes suelen movilizarse durante la temporada.
Incluso, desde el gremio aseguraron que en algunos casos los precios fueron inferiores a los de la campaña anterior. Ese dato profundizó la preocupación en un contexto en el que productores y empleados dependen de una actividad estacional, sensible a los costos, al clima y a la evolución del mercado.
Aun así, FOEVA buscó diferenciar la coyuntura actual de un colapso estructural de la industria. Meses atrás, la federación había rechazado versiones que hablaban de una "crisis terminal" del sector y advirtió sobre discursos alarmistas en plena discusión paritaria.
A pesar de que Romero había señalado en ese momento que "no hemos recibido comunicaciones formales de crisis por parte de las empresas". Esa aclaración no elimina las dificultades actuales, pero sí marca una diferencia entre un escenario de alta tensión y una declaración generalizada de emergencia empresarial.
Por ahora, productores y trabajadores permanecen atentos a cómo evolucionará el precio de la uva y a si el mercado logra recuperar dinamismo en los próximos meses. En una actividad histórica para las economías regionales argentinas, la falta de previsibilidad aparece como el principal síntoma de una cadena que vuelve a mirar el corto plazo con preocupación.
