La superficie total mundial sembrada con cultivos transgénicos alcanzó en 2011 las 160 millones de hectáreas, representando un incremento de 12 millones de hectáreas por año, desde el inicio de su producción en 1996. Asimismo, el número de países en que se introdujeron estos cultivos incrementó de seis en 1996 a 29 en 2011. Estados Unidos, seguido de Brasil y Argentina son actualmente los países de mayor adopción de esta tecnología, siendo la superficie sembrada en los mismos aproximadamente el 77% del área total mundial.
La resistencia a herbicidas es la característica dominante de los cultivos transgénicos representando el 60% del total sembrado (95 millones de has), de las cuales 75 millones corresponde al cultivo de soja. En nuestro país, en sólo siete campañas desde su inicio en 1996, el porcentaje del total de soja sembrado con cultivares transgénicos resistentes al herbicida glifosato alcanzó casi 100%.
El éxito de esta tecnología obedece principalmente a dos factores: Simplicidad en el manejo de malezas, lograda mediante el uso de un solo herbicida, glifosato, sin generar daño al cultivo, con mayor eficacia y flexibilidad de uso. Y menor costo en relación a la tecnología aplicada con anterioridad a la aparición de la soja transgénica.
Previamente a la tecnología RR, era común la utilización de diversos herbicidas tanto para el control de malezas dicotiledóneas como monocotiledóneas, ya sea en preemergencia o en post-emergencia. La expansión de los cultivos transgénicos en nuestro país avanzó junto con la difusión del sistema de siembra directa, lo cual también contribuyó al incrementó del uso de glifosato en los denominados barbechos químicos.
Cuando un solo herbicida es utilizado masivamente en un sistema de cultivo, el espectro de malezas presentes va modificándose en el tiempo, comenzando a dominar en la comunidad aquellas especies que sean más tolerantes, resistan o “eviten o escapen” a las prácticas aplicadas. Si bien generalmente, los cambios en la composición de la comunidad suceden a una tasa relativamente lenta, la continua aplicación de prácticas altamente eficaces (como el glifosato), acelera dicho ritmo de cambio.
La aparición de una población resistente es producto de la diversidad genética naturalmente presente en la población y la presión de selección ejercida en este caso por la acción del herbicida.
En el registro internacional de malezas resistentes se citan actualmente 23 especies con biotipos resistentes a glifosato y particularmente 5 en Argentina. La mayoría de los casos de resistencia han sido registrados durante la década de 2000, habiendo sido los primeros registros de 1996 y 1997. Más aún, relevamientos realizados en precosecha de cultivos de soja en el centro de Buenos Aires, mostraron prevalencia de diversas especies tales como Digitaria sanguinalis, Anoda criststa, Chenopodium album, Cyperus sp, entre otras. Estos datos demuestran que el modo de uso de la tecnología RR, sostenido prioritariamente en el beneficio económico en el corto plazo, no ha favorecido la sustentabilidad del uso del herbicida.
Las malezas son la adversidad biótica de mayor importancia económica. Para evitar consecuencias tales como la generación de resistencia es necesario adoptar estrategias de manejo que integren prácticas agronómicas con objetivos de mediano y largo plazo (disminuir el tamaño de la población de la maleza) por encima de la mera aplicación de una práctica tal como la aplicación de herbicidas con objetivos de corto plazo (reducir los efectos de competencia durante un ciclo de cultivo).
La rotación de cultivos y de herbicidas con diferente mecanismo de acción y la complementación con otras prácticas de manejo (ajuste de densidad de siembra, diseño y arreglos espaciales, fechas de siembra, reducción de la dispersión de semillas en cosecha, etc.) llevaría a una mayor sustentabilidad de la tecnología de uso de herbicidas.
Es necesario tener presente que los cultivos con resistencia a herbicidas es la tecnología que aparece más cercana. En consecuencia, es necesario capitalizar la experiencia del uso realizado del glifosato para generar acciones proactivas que lleven a evitar el surgimiento de consecuencias negativas tales como la aparición de biotipos de malezas resistentes y otras como la contaminación de los recursos. El uso sustentable de toda tecnología requiere un profundo de conocimiento de la misma, tanto de sus fortalezas como debilidades.
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