La carne de cerdo compite en el mercado interno con el indiscutible del menú argentino, la carne vacuna. Y la discusión teórica, ya se lleva a la relación en precios. De acuerdo al último informe de la Federación Porcina Argentina, en carnicerías el asado vacuno ronda los $18.000 por kilo, mientras que el pechito de cerdo aparece cerca de $6.700, es decir, con lo que cuesta 1 kilo de asado se llevan casi 2,7 kilos de cerdo.
La ventaja se agranda cuando se comparan cortes típicos de milanesa y consumo masivo. La nalga vacuna se ubica en torno a $20.000 por kilo y su equivalente porcino cerca de $6.900, mientras que la bola de lomo vacuna ronda los $18.000 contra $6.900 del cerdo. En ambos casos, el cálculo se acerca a 3 kilos de cerdo por 1 kilo de vaca.
En las grandes cadenas de supermercados la diferencia se reduce levemente, pero la tendencia no cambia. Allí, el asado vacuno se ubica cerca de los $16.000 por kilo, mientras que el pechito de cerdo ronda los $7.132. Algo similar ocurre con los cortes para milanesa. La nalga vacuna supera los $18.500 y los cortes porcinos comparables se comercializan alrededor de $9.999. En todos los casos por la misma cantidad de dinero, el consumidor puede llevar más kilos de cerdo que de carne vacuna.
Leé también: Brucelosis: revelan el "modo ahorro de energía" que potencia la multiplicación de la bacteria
De acuerdo con el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA) mientras que en enero de 2026 con 1 kilo de asado vacuno se pudieron comprar en promedio 1,98 kilos de pechito de cerdo, en enero de 2025 la relación había sido de 1,75 kilos por kilo de asado. A pesar de que no se trata de la misma relación que se mencionó anteriormente, esta comparación no solo confirma la ventaja relativa del cerdo, sino que además muestra que la brecha entre carnes se amplió con el tiempo.
Mercado externo vs consumo interno
La ampliación de la cuota hacia Estados Unidos a 100.000 toneladas de carne vacuna, es decir, 80.000 toneladas adicionales sobre las 20.000 que se concedían históricamente, puede redirigir cortes de mayor valor a la exportación, impactando sobre la disponibilidad interna y los precios al mostrador.
Por su parte, el consumo interno de carne porcina alcanzó en 2025 un récord de 18,9 kg por habitante al año, según datos oficiales difundidos por la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca. Se trata de una suba de 8,7% interanual, consolidándose en un cambio estructural en la mesa argentina, donde el cerdo deja de ser una alternativa esporádica y gana lugar en la rotación.
Además, documentos técnicos del programa Alimentos Argentinos destacan a la carne porcina como fuente de proteínas de alto valor biológico y remarcan que gran parte de su grasa es subcutánea, por lo que puede retirarse con facilidad. A su vez, desde el sector señalan un perfil lipídico con predominio de grasas insaturadas y una fracción relevante de Omega 9.
¿Qué se prevé para 2026?
Si la carne vacuna profundiza su sesgo exportador, el consumo interno tenderá a seguir buscando sustitutos que mantengan un volumen de proteína con menos gasto. El cerdo hoy aparece como el gran beneficiado porque combina precio relativo, oferta más diversificada y una percepción sanitaria y nutricional mucho mejor que décadas atrás.
La brecha "en kilos" entre la carne de cerdo y la vacuna funciona como señal de un reacomodamiento más profundo. En este sentido, el corrimiento de la demanda reordena márgenes, planificación de faena, integración con maíz y soja, y estrategias comerciales de frigoríficos y bocas minoristas.
