Ganadería

Histórica equiparación de la carne vacuna

Con la eliminación de los derechos exportación se pone fin a la discriminación que casi siempre sufrió la ganadería, desde los años 30, en relación a otras actividades. En tanto, la liberación cambiaria acerca el precio del novillo argentino al promedio regional. El país ya puede competir.

Esta semana hubo dos novedades muy fuertes en la Argentina. En primer lugar, el nuevo Gobierno decidió la eliminación de los derechos de exportación para carnes y demás productos agropecuarios, agroindustriales y manufacturas industriales, y la disminución de los mismos para la soja. Cuarenta y ocho horas más tarde anunció la liberación y unificación del mercado cambiario.

De esta manera dio cumplimiento a una promesa de campaña, que no había sido demasiado clara, salvando algún documento partidario. En lo que respecta al agro, las referencias principales eran para maíz, trigo y producciones regionales, cayendo las carnes, la mayoría de las veces, en un cono de sombra.

La postergación del agro

Con esta medida se pone fin a un largo ciclo de discriminación en contra del sector, que rigió desde la década del ‘30, con la excepción de los casi 11 años de Convertibilidad.

En tal sentido, a partir de los años 60, vía los llamados derechos de exportación, o antes, por medio de un tipo de cambio directamente diferente, el agro argentino sufrió una marginación que no fue ajena al pausado pero firme atraso de los indicadores económicos más relevantes del país e incluso profundizó la antinomia campo-industria en el conjunto de la sociedad.

Para refrescar la memoria, en los primeros meses de 1991 se terminó con esa diferenciación, por la que los productos agroindustriales se exportaban a un tipo de cambio neto inferior al que se debían importar bienes de capital e insumos o al que se fijaban los precios de esos bienes de origen local.

Cuando a principios de 2002, tras la salida de la Convertibilidad y la contemporánea crisis política y económica, se aplicó un derecho de exportación del 5% a la totalidad del universo arancelario para financiar ayudas sociales, se mantuvo esa condición de igualdad entre todos los sectores.

Recién en noviembre de 2005, Roberto Lavagna, ministro de Economía de Néstor Kirchner, aumentó los derechos de exportación para la carne de 5 a 15% y le quitó los reintegros a las ventas externas que promediaban otros 5 puntos porcentuales. Entonces, con el objetivo de intentar aplacar potenciales subas de precios, la carne comenzó a ser nuevamente discriminada.

Luego, hubo una batería de medidas de jure y de facto como la imposición de ROEs en enero de 2006, el anuncio de una prohibición de exportaciones por seis meses, y los sucesivos regímenes de control de exportaciones y de precios internos. De este modo, comenzó una época nefasta que llevó a la pérdida de 10 millones de cabezas, de plantas frigoríficas, de miles de empleos, de miles de millones de dólares de exportaciones y la desaparición del país del listado de los diez principales exportadores mundiales por primera vez en más de cien años.

En la coyuntura

Enfocando la situación hasta el miércoles 16, la eliminación de los derechos de exportación no tuvo mayor relevancia inmediata. Esto se debió a que el precio del novillo, medido en dólares, que hasta la semana anterior superaba en más del 100% a los de otros países ganaderos del Mercosur, e inclusive a los EE.UU y de la UE, pasó a ubicarse entre el 70 y el 80% por encima de aquéllos.

El cambio sustancial llegó con el anuncio de la inmediata liberación del mercado cambiario, que comenzó a funcionar con la operatoria de flotación administrada o sucia. Esto significa que el tipo de cambio se fija libremente pero que el Banco Central actúa para evitar oscilaciones bruscas.

Ahí sí sobrevino el impacto pleno de ambas medidas sobre el mercado de ganados y carnes. Con una cotización inicial de $14,50 por dólar, se recortó en buena medida el brutal atraso acumulado en los últimos años, que dejó fuera de competencia a la enorme mayoría de las actividades productivas del país.

En el nuevo escenario, el costo absurdo que tenía el novillo para la exportación, que ascendía a U$S 5,50, bajó a U$S 3,50 por kilo, acercándose al promedio regional.

De las dos medidas ya en vigencia, desde Valor Carne le damos un valor histórico a la primera ya que solucionó un problema propio y muy antiguo de la ganadería, mientras que la normalización del mercado cambiario, de mucho mayor impacto en el corto plazo, era una necesidad de toda la economía nacional y su implementación se iba a producir, más tarde o más temprano.

En síntesis, al honrar estas promesas de campaña se ha dado un paso muy importante para que la cadena cárnica recupere la competitividad internacional y pueda expresar todo su potencial.

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