Creo que todo lo que hizo el kirchnerismo es antiperonismo”. Siempre hubo “cuadros” peronistas en economía que representaban al peronismo, por caso, los ex ministros Jorge Remes Lenicov y Miguel Peirano y ex secretario de Hacienda Jorge Sarghini. Hoy el cristinismo puso a Axel Kicillof que viene de formación marxista y que no tiene nada que ver con el peronismo.
El peronismo es el rostro que se ponen -los dirigentes- sólo para sacar votos, pero que no captan los ideales” ninguno de los presidenciables, incluyendo a Daniel Scioli y a Mauricio Macri.
El pensamiento político se ha devaluado, se ha degradado. Y, en esa sintonía, los gobernadores actuales nunca tuvieron un nivel tan bajo de peronismo como ahora, en una media generalizada, porque no son herederos de la historia política del peronismo.
Desde los presidenciables, pasando por los gobernadores, los diputados y los intendentes, se han convertido en estructuras que sólo acomodan gente, pero que no debaten ideas. La política argentina se ha distanciado del objetivo de mejorar la sociedad. Por eso somos la sociedad más atrasada de América latina, lugar que compartimos con Venezuela. Lo único que nos salva es la deformación de los números.
La clave para cambiarle el chip a la política es volver a las fuentes, al debate en serio. La política debe dejar de ser propiedad de los vivos, y retornar a manos de los mejores, de los que son transparentes, porque así una sociedad crece. El país tiene que superar la política de la viveza e imponer la política de la inteligencia y de las propuestas. Julio Bárbaro, escritor.