"La gran oportunidad china"

16 Jun 2016

Es una decisión estratégica. El embajador argentino en la República Popular, Diego Guelar, señaló esta semana en Shanghai que “ha llegado el momento de discutir si la Argentina quiere o no integrarse con China a través de un tratado de libre comercio (TLC)”.

“La Argentina está dando una enorme ventaja a sus competidores agroalimentarios en el mercado chino como Australia, Nueva Zelanda o Chile, porque todos ellos tienen tratados de libre comercio con la República Popular”, señaló Guelar ante una delegación de la Región Centro, encabezada por el gobernador de Entre Ríos, Gustavo Bordet, y con la participación de los vicegobernadores Martín Llaryora y Carlos Frascendini de Córdoba y Santa Fe, respectivamente.

“Estos acuerdos de libre comercio implican una ventaja de 20% o más para los precios de los productos agroalimentarios de Australia, Nueva Zelanda y Chile en el mercado chino”, en desmedro de la producción argentina, salvo en la provisión de granos para la alimentación animal (soja, harina de soja, maíz), en que la ventaja de la Argentina es estrictamente incomparable.

El problema principal que presenta para la Argentina un acuerdo de libre comercio que la integre con China se refiere a la situación de la industria nacional, en especial el sector manufacturero. La industria argentina es una de las tres más importantes de América Latina y cuenta con más de 120 años de historia, lo que implica una enorme acumulación de recursos y experiencias tecnológicas y humanas; y esto obliga a reconocerle un papel particular en todo proceso de integración de la Argentina a la economía mundial, como es un tratado de libre comercio con China.

La particularidad industrial argentina presenta dos dimensiones fundamentales en la relación con China. Por un lado, exige un acuerdo específico de inversiones destinado a atraer capitales chinos para la infraestructura y la industria. Por otro, requiere un periodo de transición que permita desplegar una serie de políticas industriales destinadas a cerrar las brechas de productividad del sector, tanto internas como externas, que frenan o impiden su competitividad internacional.

China se encuentra en un periodo crucial de su historia, que la Argentina – como proveedor estratégico de insumos agroalimentarios – debe aprovechar al servicio de su desarrollo e interés nacional.

La economía china se abre e integra al mundo con una magnitud y profundidad que es la mayor de los últimos 33 años. Esto sucede cuando su población adquiere aceleradamente un estatus de clase media – ante todo en los ingresos – , por el sostenido crecimiento económico de los últimos quince años, y consume en gran escala proteínas cárnicas.

La Argentina tiene una relación de privilegio estratégico con China en el momento actual: es el proveedor decisivo de granos forrajeros, sobre todo soja, para la alimentación animal cuando la República Popular experimenta una gigantesca transición dietaria.

Por eso la situación es extremadamente favorable para que la Argentina comience las negociaciones para lograr un acuerdo de libre comercio entre los dos países. La oportunidad es esta.