Según el último informe de la Fundación Mediterránea, la dinámica de los bolsillos argentinos en los últimos tres años puede resumirse en tres etapas bien diferenciadas, con un presente marcado por nuevas presiones inflacionarias que amenazan lo poco recuperado. Sin embargo, el dato más preocupante no es solo cuánto se perdió, sino cómo se desfiguró el mercado laboral: según el indicador de Masa Salarial Ampliada, el país asiste a un cambio estructural donde el empleo formal pierde terreno frente al cuentapropismo y la informalidad.
El impacto del ajuste: un mapa de ganadores y perdedores
El shock económico registrado entre octubre de 2023 y marzo de 2024 fue transversal, pero el rigor del castigo se distribuyó de manera muy desigual. Según el informe, mientras que los asalariados del sector privado debieron asimilar una caída real del 15% en su poder de compra, el impacto sobre los trabajadores del sector público nacional fue drásticamente superior, con un recorte que superó el 25% en términos reales.
En el universo de la asistencia social, la Asignación Universal por Hijo (AUH) se consolidó como la principal red de contención, logrando un salto real del 43% que la posicionó como la prestación con mejor desempeño. No obstante, en la vereda opuesta, el ajuste se sintió con toda su fuerza en el territorio a través del programa Potenciar Trabajo. Esta política no solo sufrió un desplome del 45% en términos reales, sino que se vio atravesada por una reducción de beneficiarios y una transición accidentada hacia nuevos esquemas como "Volver al Trabajo", programa que actualmente mantiene sus montos congelados.
2025: una primavera que no alcanzó
Durante el año pasado, la desaceleración de los precios permitió un respiro. Según indican los analistas, entre junio de 2024 y junio de 2025 la masa de ingresos creció un 14% en términos reales, pero fue una mejora con "techo": para junio de 2025, el nivel agregado todavía estaba 2 puntos por debajo de los niveles previos al shock.
Este escenario de relativa estabilidad dejó al desnudo la incapacidad del mercado laboral para generar nuevos puestos de calidad. Ante un sector privado formal que no logró expandirse tras el golpe inicial, el ajuste se canalizó por la vía de la precariedad, provocando que la tasa de informalidad saltara del 41,6% al 43,2% en apenas doce meses, según los datos de la Fundación.
El regreso de la inflación y la estructura "frágil"
En los últimos meses, la inflación ha vuelto a ocupar un rol central en la escena económica, acumulando un 33% en el último año. Para los analistas, este fenómeno terminó por erosionar gran parte de la recomposición lograda previamente, provocando que, para febrero de 2026, la masa de ingresos total se ubicara un 4% por debajo de los niveles de octubre de 2023.
Uno de los puntos más destacados del informe es la consolidación de una estructura de ingresos mucho más vulnerable y volátil. En esta nueva configuración se observa un fenómeno de polarización: mientras que los trabajadores informales y los beneficiarios de la AUH son los únicos que presentan una mejora respecto a 2023 (con subas del 12% y 24% respectivamente), el corazón del empleo formal se encuentra rezagado.
Por el contrario, los asalariados registraron una caída del 10% respecto de sus niveles previos. Este cambio en la composición de los ingresos no solo refleja una pérdida de poder adquisitivo, sino también una degradación en la calidad de la masa salarial, donde la estabilidad del empleo en blanco ha cedido terreno frente a la fragilidad del cuentapropismo y la asistencia social.
El desafío: calidad sobre cantidad
Hacia adelante, para la Fundación, el reto no es solo que los sueldos les ganen a los precios, sino que el empleo formal "vuelva a ocupar un rol central, no solo para mejorar el nivel de ingreso, sino también su calidad y sostenibilidad en el tiempo".
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