El mercado internacional de granos atraviesa un período de alta volatilidad e incertidumbre, configurado principalmente por la escalada de tensión en Medio Oriente. La posibilidad de un cambio en la política exterior de Estados Unidos, sumada al bloqueo en el Estrecho de Ormuz y la amenaza sobre otras vías navegables clave como el Mar Rojo, mantiene en vilo al comercio mundial.
Según advierte el informe de Dante Romano, profesor e investigador de la Universidad Austral, este escenario geopolítico impacta directamente en los costos de producción a través de los precios del petróleo y el gas, encareciendo los fertilizantes y alterando las decisiones de siembra.
El dilema del área: ¿Maíz o Soja?
Esta presión sobre los costos ya se refleja en las intenciones de siembra en Estados Unidos. El último informe del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) muestra un recorte de 1,9 millones de hectáreas para el maíz, mientras que la soja sumaría 1,4 millones. Sin embargo, para el analista de la Austral, este pasaje de hectáreas podría profundizarse debido al elevado costo de los fertilizantes, un factor que no fue plenamente capturado al momento del relevamiento inicial del organismo norteamericano.
El panorama del trigo es incluso más restrictivo: la superficie en Estados Unidos ha caído a mínimos que no se veían desde la década del 70, en un contexto de deterioro en la condición de los cultivos y una sequía persistente en zonas clave.
Demanda selectiva y el freno chino
Desde el lado de la demanda, el escenario muestra dos realidades opuestas. El maíz exhibe señales de firmeza con exportaciones sostenidas, pero la soja enfrenta un freno claro proveniente de China. Según describe el especialista, el gigante asiático presenta márgenes de molienda negativos y elevados stocks, lo que limita el dinamismo del mercado mientras busca ajustar su eficiencia en la producción porcina.
La dinámica local: prioridad soja y demoras comerciales
En el plano interno, la cosecha argentina introduce sus propios condimentos. Actualmente, se observa una "pausa" en la recolección de maíz en la zona núcleo, ya que los productores priorizan la soja por su mayor sensibilidad a la humedad. Para el analista, esta decisión podría derivar en una desconexión temporal en el corto plazo entre la exportación, con una cola de buques de 3,4 millones de toneladas, y la oferta disponible.
En cuanto a la comercialización, destaca una marcada cautela en soja, donde las ventas alcanzan apenas el 7% frente al 10% habitual. "Si esta presión de cosecha no se traduce en ventas fluidas, la industria podría verse obligada a mejorar los precios para asegurar mercadería", afirma Romano, advirtiendo asimismo que el atraso comercial también abre la puerta a una presión bajista en el corto plazo.
Proyecciones y avance de campaña
Pese a las demoras logísticas, los números productivos se mantienen firmes. El maíz alcanza un avance de cosecha del 19% con rindes promedio de 85,3 qq/ha, sosteniendo una proyección nacional de 57 millones de toneladas. Por el lado de la oleaginosa, las lluvias recientes han mejorado la condición de los cultivos de segunda en Argentina, permitiendo que la Bolsa de Cereales de Buenos Aires mantenga su estimación en 48,5 millones de toneladas.
En el caso del trigo, Romano describe un escenario de señales mixtas, donde importantes existencias de la campaña pasada buscan salida en el mercado internacional mientras conviven con dudas sobre la nueva siembra ante el encarecimiento de los fertilizantes.
"El trigo tiene hoy un equilibrio delicado: los costos altos generan dudas, pero los precios y la humedad disponible vuelven a ponerlo en carrera", concluye.
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