Genética

La mejora genética elevó el potencial productivo de los principales cultivos

Los avances en mejoramiento vegetal impulsaron mayor estabilidad, tolerancia a enfermedades y adaptación a ambientes cada vez más exigentes

1 Abr 2026

La genética aplicada a semillas se convirtió en los últimos años en uno de los principales motores de la productividad agrícola a nivel global. Tal es así, que distintos estudios y organismos técnicos señalan que entre un 30% y un 60% del aumento en los rindes de los cultivos extensivos puede atribuirse a los avances en mejoramiento genético, en interacción con factores como el manejo agronómico, la fertilización y la incorporación de nuevas tecnologías.

Este proceso no sólo permitió elevar los techos productivos, sino también mejorar la respuesta de los cultivos frente a condiciones cada vez más variables. Factores como la tolerancia a enfermedades, la adaptación a distintos ambientes y la estabilidad de los rendimientos ganaron peso en la estrategia productiva.

Desde la Asociación de Semilleros Argentinos remarcan que la genética es un valor fundamental para seguir avanzando, en un contexto donde la innovación varietal resulta clave para sostener la competitividad del agro. Ya que la aparición de nuevas problemáticas sanitarias y la mayor exigencia sobre los sistemas productivos obligan a incorporar materiales más eficientes y adaptados.

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Nuevos desarrollos para distintos ambientes

En este escenario, Brevant Semillas presentó en Córdoba su "Colección 2026", una propuesta que busca responder a los desafíos actuales del agro con foco en tres cultivos estratégicos: maíz, soja y girasol.

En maíz, la renovación se apoya en híbridos como el BRV 8181, reconocido por su versatilidad en zonas templadas, al que se suma un nuevo material orientado al norte del país con mayor tolerancia a spiroplasma. La estrategia apunta a mejorar la estabilidad productiva en ambientes más exigentes y con mayores riesgos sanitarios.

Por su parte, el girasol incorpora los híbridos BRV 210 y BRV 280, destinados a los segmentos linoleico y alto oleico, respectivamente. Ambos materiales buscan aportar una mayor tolerancia a Phomopsis, una de las enfermedades que más condiciona el rendimiento del cultivo.

En soja, la propuesta se expande con nuevos materiales como BRV 5925 CE y BRV 7525 SCE, desarrollados para la región norte y complementados con variedades de grupo medio. Estos lanzamientos incorporan tecnologías que apuntan a optimizar el manejo del cultivo, especialmente en sistemas donde el control de malezas es determinante.

Validación y transferencia al productor

Un diferencial del lanzamiento es la validación a campo, mediante espacios donde se genera información técnica en condiciones reales de producción. Allí se evalúa el comportamiento de los materiales y se ajustan recomendaciones según cada ambiente.

Estos ensayos aportan datos concretos sobre rendimiento, estabilidad y respuesta frente a distintas variables agronómicas. Y a su vez, la transferencia de ese conocimiento se articula a través de una red de distribución que permite acercar la información y las nuevas tecnologías directamente al productor, facilitando su adopción en el sistema productivo.

Durante el evento, el gerente de producto de la compañía, Horacio Guerra, destacó que "la genética nueva está adaptada a los nuevos ambientes productivos y trae soluciones para estos entornos más desafiantes". De esta manera, la propuesta se inscribe en una transformación más amplia del agro, donde la genética y la tecnología se asocian para sostener la productividad frente a un contexto cada vez más complejo. 

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