Tras dos meses consecutivos con bajas en la faena vacuna, Daniel Urcía, presidente de la Federación de Industrias Frigoríficas Regionales Argentinas (FIFRA) y vicepresidente de la Unión Industrial Argentina, anticipa un año particularmente difícil para la industria cárnica.
Daniel Urcía.
Plantas que bajan la persiana
La realidad es contundente: tres plantas con habilitación para mercados externos ubicadas en Bahía Blanca (Buenos Aires), Bernasconi y General Pico (La Pampa) han dejado de operar entre finales del año pasado y el comienzo de este. Según Urcía, se trata de establecimientos que, combinados, faenaron más de 172.000 cabezas durante 2025.
A este panorama de cierres se suma la estrategia de supervivencia de otras fábricas que, aunque logran mantenerse operativas, han comenzado a reprogramar su producción, afectando así los turnos y días de trabajo.
Cuentas en rojo y el peligro de la informalidad
La cadena de ganados y carnes hoy se sostiene con recursos propios. Según advirtió Urcía, ante la falta de créditos bancarios para comprar hacienda, los plazos de pago se han estirado peligrosamente. Esto genera un desajuste financiero que termina agotando el capital de las empresas.
A este problema se suma la demora de ARCA en devolver los reintegros de IVA, un daño adicional que frena la operatoria comercial. En paralelo, preocupa el crecimiento de la faena marginal en el campo: una situación ante la cual muchos municipios y organismos de control "miran para otro lado", poniendo en riesgo el empleo registrado y la actividad formal.
Precios: el techo de la hacienda y el avance de los sustitutos
Tras aumentos cercanos al 70%, que duplicaron los índices de inflación general, los precios de la carne y la hacienda parecen haber alcanzado un techo. Según Urcía, las empresas enfrentan hoy una doble encrucijada: al agotamiento del capital de trabajo provocado por el encarecimiento de la materia prima, se le suma la suba de costos operativos como energía eléctrica, gas, combustibles y las necesarias recomposiciones salariales.
Esta brecha frente a la capacidad de pago del consumidor ha generado una dispersión de precios frente a otras proteínas. Según datos del IPCVA, con lo que cuesta un kilo de asado hoy se pueden comprar 3,94 kilos de pollo, una cifra que roza el máximo histórico de 2022.
Por otra parte, la relación con la carne de cerdo es de 2 a 1, la diferencia más amplia en los últimos cuatro años. Para el presidente de la FIFRA, el cerdo se está posicionando como una alternativa para el bolsillo, a pesar de ser un sector "invisibilizado" en las mediciones oficiales del IPC, que aún utilizan bases de consumo de hace dos décadas.
