La científica del CONICET y profesora de la Universidad Nacional del Litoral y directora del Instituto de Agrobiotecnología del Litoral, Raquel Chan, fue distinguida con el Premio Internacional L'Oréal-UNESCO "Por las Mujeres en la Ciencia". El galardón destacó su aporte a la biología vegetal y su impacto en la innovación agrícola.
Su trabajo permitió avanzar en la identificación de genes y mecanismos biológicos que mejoran la respuesta de las plantas frente al estrés ambiental. En términos productivos, esos conocimientos abren nuevas posibilidades para desarrollar variedades de trigo, maíz, arroz y soja con mayor tolerancia al déficit hídrico, una condición clave para la agricultura argentina en un escenario de mayor variabilidad climática.
Ciencia para producir en ambientes más difíciles
Durante la conferencia de prensa, Chan remarcó que el avance científico no surge de manera aislada, sino como resultado de equipos de trabajo sostenidos en el tiempo. Al referirse al premio, sostuvo: "Creo que es un reconocimiento a todo mi equipo. Yo a veces soy la cara visible, pero yo tengo un equipo y nada de lo que hice, lo hice sola".
La investigadora insistió en que la ciencia experimental requiere construcción colectiva, discusión permanente y tareas compartidas. En ese sentido, también destacó que los resultados científicos no dependen de una sola persona, sino de grupos capaces de sostener ensayos, revisar hipótesis y repetir procesos hasta obtener evidencia. "Nos sentamos a discutir los experimentos y somos un montón. Yo decido, pero sin ellos es imposible", afirmó.
Para Chan, el reconocimiento internacional, no aparece solo como una distinción individual. Sino que también permite poner en agenda el trabajo de una comunidad científica que produce conocimiento en condiciones complejas y con recursos limitados.
Resiliencia, esfuerzo y perseverancia
Al repasar su trayectoria, Chan buscó despegar la idea de la ciencia de una imagen ligada únicamente a la genialidad. Para la investigadora, el recorrido científico requiere menos idealización y más trabajo sostenido, en simples palabras, expresó: "Para hacer ciencia hay que tener pasión, ganas y 2 neuronas conectadas que tiene todo el mundo".
En la misma línea, Chan destacó la importancia de la perseverancia frente a las dificultades propias del sistema científico. Y señaló: "Ese es el secreto recordado, trabajar mucho, no aflojar y ser resiliente, muy resiliente".
Esa resiliencia, según explicó, no sólo se vincula con los experimentos, sino también con la gestión cotidiana de recursos, compras, fondos, normativas y administración. Y remarcó que muchas veces el trabajo científico se sostiene en medio de obstáculos que exceden al laboratorio.
Esa experiencia también aparece en su lectura sobre la ciencia argentina. Sobre la cual afirmó: "Tenemos como una cultura de la resiliencia, de trabajar atando con alambres, y de pelearla contra el dulce de leche, que yo creo que en eso no nos gana nadie".
El valor de investigar desde Argentina
Con esta distinción, la Argentina se consolidó como el país latinoamericano con mayor cantidad de científicas reconocidas por el programa L'Oréal-UNESCO, con 12 investigadoras premiadas, entre 9 laureadas y 3 Rising Talents. Para Chan, ese dato genera orgullo, pero también expone la tensión de que el sistema científico local logra resultados destacados aun cuando trabaja con recursos escasos y advirtió que ese desempeño no debería naturalizar la falta de financiamiento.
La investigadora fue especialmente enfática al hablar de la necesidad de sostener la ciencia con inversión pública. Según explicó, la investigación básica suele estar financiada por el Estado en todo el mundo, porque es la etapa que difícilmente asume el sector privado.
Chan también hizo una autocrítica sobre el vínculo entre ciencia y sociedad y consideró que parte del cuestionamiento hacia el sistema científico se explica por la falta de comunicación sobre lo que ocurre en laboratorios, institutos y universidades.
En esa línea, vinculó el desarrollo de un país con su capacidad de invertir en conocimiento y afirmó: "Hay una parte de nuestra responsabilidad, que es no haber divulgado lo suficiente y no haber hecho entender al resto de nuestra población que, para salir de ser un país pobre, hay que hacer ciencia".
"Estoy convencidísima de que la ciencia nos hace soberanos, nos hace independientes, nos hace libres", expresó.
Una discusión clave para el agro
La conferencia también permitió vincular el reconocimiento internacional con la pregunta de cómo transformar conocimiento científico en soluciones productivas en el agro argentino. Al respecto, Chan explicó que el sector privado puede tener un rol importante en la aplicación de la ciencia, pero remarcó que hace falta un puente más sólido entre la investigación y la inversión empresarial.
"Nos falta un eje vinculador entre esa ciencia básica y la inversión del privado", señaló. Según la investigadora, en la Argentina todavía predomina una cultura empresarial poco acostumbrada a invertir en ciencia cuando no existe una rentabilidad inmediata. En otros países, en cambio, existen instrumentos como deducciones impositivas, leyes de promoción o esquemas de mecenazgo que favorecen ese vínculo.
Para Chan, no se trata de copiar modelos de manera automática, sino de mirar qué experiencias funcionan y adaptarlas a la realidad local. Y afirmó: "No tenemos por qué ser los primeros en todo, hay que mirar un poco qué funcionan otros países y adaptar lo nuestro".
La científica también señaló que, cuando se reducen los recursos de manera generalizada, las áreas experimentales quedan especialmente afectadas. En ese sentido, planteó que la discusión sobre prioridades científicas puede ser necesaria, pero no debe confundirse con un recorte indiscriminado.
Tecnologías que llegaron al campo
Uno de los desarrollos más conocidos vinculados a su trayectoria es la aplicación de genes asociados a la tolerancia al déficit hídrico en cultivos extensivos. Según detalló, esta tecnología ya llegó al mercado en trigo y se siembra en Argentina, Brasil y Paraguay, además de haber sido aprobada en otros países como Bolivia, Australia y Nueva Zelanda.
Chan explicó que se trata de una tecnología con aplicación directa, aunque su adopción masiva todavía llevará tiempo. Además, mencionó que en Estados Unidos se realizan ensayos con variedades locales para avanzar en su incorporación.
La investigadora también se refirió a los controles exigidos para la aprobación de organismos genéticamente modificados. Y remarcó la rigurosidad del sistema argentino de evaluación, señalando que "teníamos un organismo estatal y un sistema de una situación superestricta, que es modelo mundial, el modelo argentino", señaló. En ese marco, destacó el rol de la CONABIA y del SENASA en los procesos de evaluación ambiental, alimentaria y toxicológica.
Aportes para pequeños productores
Además de los cultivos extensivos, Chan destacó una tecnología desarrollada para la agricultura familiar y las pequeñas producciones hortícolas. Se trata de una técnica sencilla que consiste en colocar un peso sobre las plantas durante un momento específico de su desarrollo, lo que puede favorecer una mayor producción de semillas y frutos.
De acuerdo con la investigadora, este método fue probado en hortalizas como tomate, pimiento y berenjena, con incrementos productivos de entre 30% y 50%, además de una floración más temprana. Ese adelanto puede representar una ventaja competitiva para pequeños productores, ya que permite llegar al mercado en momentos de menor oferta.
El equipo también elaboró videos explicativos en español e inglés para que la información esté disponible de manera abierta. Chan explicó que realizaron capacitaciones en clubes, municipios y cooperativas de agricultura familiar, aunque reconoció que sostener ese trabajo de manera permanente requiere más estructura.
Para el sector agroindustrial, el reconocimiento a Chan vuelve a poner en primer plano el vínculo entre conocimiento, producción y competitividad. En un país atravesado por condiciones climáticas extremas, falta de inversión en conocimiento y la necesidad de agregar valor, la ciencia aplicada al agro aparece como una herramienta estratégica para producir más, con mayor resiliencia y con tecnologías desarrolladas desde el sistema científico argentino.
