La alianza internacional Maizall, integrada por representantes de las cadenas del maíz de la Argentina, Brasil y Estados Unidos, finalizó la semana pasada una misión estratégica por España e Italia, con escala en la sede de la FAO en Roma. Su viaje tuvo como objetivo exponer los avances del cultivo y discutir el impacto de la política agropecuaria de la Unión Europea sobre la seguridad alimentaria mundial.
Los tres países americanos defendieron su sistema productivo, sustentado en biotecnología, siembra directa y escala. Y remarcaron que se trata de un modelo con sustento científico, además de resultados económicos, sociales y ambientales comprobables. No se trató solo de una defensa sectorial, sino también de un planteo geopolítico frente a regulaciones que, según la entidad, están perjudicando la producción y el comercio global.
Además, Maizall subrayó el peso específico de sus miembros en el mercado mundial. La Argentina, Brasil y Estados Unidos explicaron que concentran el 50% de la producción global de maíz y el 70% de las exportaciones, por lo que cualquier limitación al acceso tecnológico o al comercio impacta mucho más allá de sus fronteras.
Europa, en el centro de las críticas
Uno de los ejes centrales del planteo apuntó al modelo regulatorio europeo. De acuerdo con la entidad, la falta de acceso a herramientas tecnológicas y la caída de los subsidios erosionaron la competitividad de productores de países como España e Italia, que en la última década redujeron a la mitad su superficie sembrada con maíz y hoy deben importar cerca de dos tercios de lo que consumen.
Por otra parte, mientras la Argentina, Brasil y Estados Unidos aprobaron más de 60 eventos biotecnológicos, Europa mantiene fuertes restricciones y solo admite un único evento, cultivado en España y Portugal desde hace más de 20 años. Para la entidad, ese rezago responde a "marcos regulatorios sin sustento en evidencia científica internacional, que no han evolucionado al ritmo del conocimiento disponible".
En ese marco, la delegación también cuestionó las exigencias ambientales de la UE y sostuvo que, en muchos casos, funcionan como barreras paraarancelarias. Y señalaron que "el caso más ilustrativo de esta distorsión lo ofrece la soja", al describir la contradicción entre la restricción al biodiésel y la importación masiva de harina proteica.
Debate técnico y señales desde la FAO
Dentro del propio bloque europeo, España aparece como un importador que necesita mayor flexibilidad para acceder a cereales, mientras Francia busca resguardar a sus productores y Alemania prioriza su industria. De acuerdo con Maizall, esa heterogeneidad genera "una parálisis estructural para construir una visión estratégica coherente".
En Roma, la delegación fue recibida por parte del directorio de la FAO, donde encontró una señal favorable. Allí se ratificó que "el sistema productivo de las Américas es parte estructural de la solución a la seguridad alimentaria mundial", en un contexto donde la innovación tecnológica gana centralidad.
La agenda técnica también incluyó la discusión sobre los límites máximos de residuos, un aspecto que podría convertirse en otra traba comercial. La delegación insistió en que estos parámetros deben estar basados en "evaluación de riesgo real (no en criterios políticos), para no interrumpir el flujo comercial".
A la vez, se reconoció la preocupación europea por el uso de ciertos insecticidas en el almacenamiento de granos en origen, lo que "podría generar dificultades en el comercio internacional". Y se adelantó que se trabaja en protocolos de trazabilidad para garantizar el cumplimiento de estándares.
La disputa en el acuerdo UE-Mercosur
Respecto del Tratado UE-Mercosur, la alianza advirtió que mayo será clave, cuando la Dirección General de Comercio de la UE avance con la normativa del acuerdo. Allí surge el reclamo europeo por las "políticas espejo", que exigirían producir bajo las mismas condiciones que en la UE. Desde el bloque sudamericano advirtieron que "suelos distintos, climas diversos y plagas diferentes hacen imposible (e injustificado) producir de la misma manera".
Maizall concluye: "No podemos permitir que el proteccionismo disfrazado de ambientalismo nos vuelva inviables. Somos sustentables con nuestro sistema y defenderemos nuestra soberanía productiva frente a reglas que no tienen base científica". En ese contexto, la capacidad de los países americanos para sostener su competitividad no dependerá solo de su eficiencia productiva, sino también de su capacidad para incidir en las reglamentaciones que se implementarán.
