Oleaginosas

Impulsado por su adaptación a ambientes secos y la demanda industrial, el girasol crece con fuerza en Argentina

La campaña 2025/26 muestra un salto en superficie y producción, con protagonismo del norte santafesino y mejoras clave en rendimiento según manejo y genética.

8 Abr 2026

 La campaña nacional de girasol 2025/26 consolida una marcada expansión, con más de 3 millones de hectáreas sembradas y una producción estimada en 7,2 millones de toneladas, lo que representa un incremento del 28,6 % respecto al ciclo anterior. El fenómeno, analizado por el INTA Reconquista, responde a una combinación de factores productivos, ambientales y económicos que reposicionan al cultivo dentro del esquema agrícola.

Uno de los motores principales de este crecimiento es la capacidad del girasol para adaptarse a ambientes con déficit hídrico, lo que lo convierte en una opción estratégica frente a escenarios climáticos más variables. A esto se suma la creciente demanda de la industria aceitera, que impulsa su rentabilidad y competitividad frente a otros cultivos.

Uno de los motores principales de este crecimiento es la capacidad del girasol para adaptarse a ambientes con déficit hídrico

En la provincia de Santa Fe, la tendencia se replica con fuerza: la superficie sembrada alcanzó las 500 mil hectáreas, con un crecimiento especialmente marcado en los departamentos del centro-norte. El caso más destacado es el del departamento 9 de Julio, donde el área implantada prácticamente se triplicó en un año, pasando de 48.500 hectáreas en la campaña 2024/25 a más de 152 mil en el ciclo actual.

También se registraron avances significativos en Vera y San Javier, consolidando a la región como un polo clave en la producción girasolera. Según explicó Gonzalo Scarpín, investigador del INTA, este avance se vincula tanto con el desempeño agronómico del cultivo como con su aporte a la diversificación de sistemas productivos.

En ese sentido, el girasol se posiciona como una herramienta clave para mejorar las rotaciones agrícolas, favoreciendo la sustentabilidad de los sistemas y generando condiciones para cultivos sucesores como trigo y soja de segunda.

Otro aspecto central surge de los ensayos realizados junto a ASAGIR, donde se evaluó el comportamiento de distintos híbridos en fechas de siembra contrastantes. Los resultados fueron contundentes: las siembras tempranas, realizadas en agosto, lograron rendimientos significativamente superiores en comparación con las de octubre.

Las siembras tempranas, realizadas en agosto, lograron rendimientos significativamente superiores en comparación con las de octubre.

Además, estas implantaciones tempranas registraron mayores porcentajes de aceite en grano, un factor determinante para la industria. Los estudios también evidenciaron una marcada variabilidad entre híbridos, lo que refuerza la necesidad de seleccionar adecuadamente el material genético según el ambiente y la fecha de siembra.

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