Investigaciones del INTA Pergamino y de la Chacra Experimental Integrada Barrow, informó la detección de un nuevo biotipo de raigrás (Lolium multiflorum) con resistencia simultánea a glifosato y a las tres familias de graminicidas. Se trata de una combinación que redujo de manera drástica las herramientas químicas disponibles para su control.
Según el repaso técnico, no apareció de manera aislada ya que los primeros casos de resistencia de raigrás a glifosato en Argentina se registraron en 2007. Luego se sumaron en 2009 las resistencias a inhibidores de ACCasa y, desde 2010 en adelante, comenzaron a detectarse cuadros más complejos de resistencias cruzadas y múltiples. Hacia 2012 ya se habían observado biotipos con resistencia simultánea a glifosato, ACCasa y ALS.
Ese proceso se profundizó en 2023, cuando se confirmaron biotipos resistentes a las tres familias de graminicidas, conocidas como FOP, DIM y DEN, e incluso combinaciones que además incluían resistencia a glifosato. El nuevo caso reportado en 2026 sumó otro escalón en esa evolución y reforzó la idea de que el problema dejó de ser puntual para convertirse en un desafío para los planteos agrícolas de clima templado.
Dos mecanismos en un mismo biotipo
Un equipo integrado del INTA Pergamino trabajó sobre plantas que habían sobrevivido a aplicaciones de glifosato y cletodim en el norte bonaerense. A partir de ese material realizaron análisis genéticos y ensayos de dosis-respuesta que permitieron explicar por qué el control había fallado en lote.
El estudio detectó dos mecanismos de resistencia actuando en simultáneo en un mismo biotipo. Por un lado, se identificó una mutación en la enzima EPSPS, Pro-106-Ser, asociada con la resistencia a glifosato. Por otro, se confirmó una mutación en la enzima ACCasa, Asp-2078-Gly, vinculada con resistencia cruzada de amplio espectro a todas las familias de graminicidas. En términos agronómicos, eso significa que el glifosato perdió eficacia y que los graminicidas de postemergencia también vieron fuertemente limitado su desempeño.
Los investigadores advirtieron además que la resistencia a glifosato en este biotipo puede no expresarse necesariamente como una falla total y uniforme. El riesgo es que el herbicida reduzca biomasa pero no elimine todas las plantas, permitiendo que algunas sobrevivan, completen su ciclo y repongan semillas al sistema. Ese punto resulta central porque acelera la selección de nuevas generaciones resistentes campaña tras campaña.
En ese marco, el investigador del INTA, Gabriel Picapietra, remarcó que muchas de estas situaciones empiezan a detectarse en el campo antes que en el laboratorio. Según la difusión de Aapresid, el investigador señaló que el objetivo es actuar "para que el productor esté alerta y se anticipe".
Qué cambia en el manejo
De acuerdo con los resultados informados, el paraquat mostró control efectivo en los ensayos sobre este biotipo, aunque los propios técnicos remarcaron que no se trata de una solución aislada sino de una alternativa puntual dentro de estrategias más amplias. Esto se debe a que, frente a biotipos con este nivel de complejidad, ya no alcanza con repetir esquemas basados en postemergentes.
De esta manera, la recomendación técnica apuntó a fortalecer el manejo integrado. Entre las principales líneas de acción figuraron los barbechos tempranos, la incorporación de herbicidas residuales, la combinación y rotación de mecanismos de acción y la reducción de la dependencia del glifosato y de los graminicidas. También se subrayó la importancia de contar con buenos cultivos invernales competitivos y de ajustar las decisiones según el biotipo presente en cada lote.
En cultivos de invierno como trigo y cebada, el informe destacó el aporte de activos residuales como pyroxasulfone, flumioxazin, bixlozone o terbutilazina, con mejores resultados cuando se combinan dos principios activos. Para soja STS se mencionaron mezclas como sulfometuron más clorimuron, mientras que en maíz la atrazina apareció como una herramienta de supresión residual complementaria.
El avance de este nuevo biotipo más que un caso aislado, demostró que la presión de selección fue erosionando herramientas históricas de control y obligó a replantear estrategias. En sistemas donde el raigrás ya venía siendo una de las malezas más problemáticas, la aparición de resistencia múltiple a glifosato y a todas las familias de graminicidas confirmó que el desafío dejó de ser sólo químico y pasó a ser de manejo integral.
