Un estudio liderado por científicos del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) revela el papel fundamental que cumplió la agricultura en la adaptación en las poblaciones del sur andino durante los últimos 2000 años, con foco en el Valle de Uspallata (Mendoza).
Uno de los principales hallazgos es que la agricultura, particularmente el cultivo de maíz, no fue introducida por migraciones desde grandes centros agrícolas como los Andes Centrales o la Amazonia, sino que se desarrolló localmente a partir de poblaciones cazadoras-recolectoras. Este proceso se dio mediante la transmisión de conocimientos y especies.
A partir del análisis de genomas antiguos y estudios isotópicos, los investigadores identificaron una fuerte continuidad entre las poblaciones preagrícolas y las agrícolas, lo que refuerza la idea de una transición productiva impulsada por innovación local.
El estudio también demostró que la dependencia del maíz se intensificó entre 800 y 600 años atrás, en paralelo con la llegada de migrantes provenientes de regiones cercanas. Estos grupos se integraron a las comunidades locales, contribuyendo a la consolidación de sistemas agrícolas en el área.
Según los especialistas, la adopción de la agricultura representó un cambio estructural en la historia de la humanidad, así de los ecosistemas de los que formamos parte. En esta línea, el investigador Ramiro Barberena remarcó que, aún hoy, "la sociedad moderna se estructura sobre una base económica agrícola y ganadera".
