La salud del suelo pasó a ocupar un lugar central en la agenda del agro argentino, en un contexto atravesado por desafíos productivos y ambientales cada vez más complejos. La degradación física, química y biológica, junto con la pérdida de nutrientes, encendió una señal de alerta sobre la necesidad de ajustar el manejo agronómico con una mirada más precisa y de largo plazo.
En este contexto, más del 60% del suelo presenta falta de nutrientes como zinc o fósforo. Se trata de una situación que expone la magnitud del problema y refuerza la importancia de contar con diagnósticos certeros antes de definir estrategias de reposición, rotación o intensificación.
Un diagnóstico cada vez más necesario
La información generada a partir de mediciones permite conocer el punto de partida de cada lote y evaluar cuáles son las intervenciones más adecuadas, tanto desde el punto de vista agronómico como económico y ambiental. En ese marco, el análisis del suelo dejó de ser una práctica complementaria para convertirse en una herramienta estratégica.
El encargado de Sustentabilidad LATAM de Syngenta, Guillermo Delgado, sostuvo: "El suelo no se explica desde una sola dimensión, sino que se entiende como un sistema vivo y dinámico". Y agregó: "Es fundamental trabajar de forma colaborativa con innovación aplicada, conocimiento y con mediciones precisas, para entender el punto de partida y poder evaluar cuáles son las mejores intervenciones en términos económicos y ambientales".
La brecha de nutrientes y el desafío de largo plazo
En cuanto a la reposición de nutrientes, el presidente del INTA, Nicolás Bronzovich, advirtió: "Estamos agregando menos de la mitad de los nutrientes que extraemos del sistema". Esa brecha condiciona la sustentabilidad del esquema productivo y pone en evidencia que el deterioro del suelo no puede abordarse con decisiones aisladas ni de corto plazo.
En la misma línea el director nacional de Agricultura, Jorge Gambale, sostuvo: "Hay que acompañar al productor para que piense en una fertilización de reposición". La afirmación apunta a una de las discusiones de fondo del agro argentino, donde la productividad inmediata muchas veces convive con déficits acumulados en la salud del suelo.
Por su parte, el presidente de Aapresid, Marcelo Torres agregó: "Tenemos que diseñar mejor nuestras rotaciones, poner cultivos de servicio e intensificar la secuencia". La definición refuerza la idea de que el análisis de suelo no sólo sirve para corregir deficiencias, sino también para ordenar sistemas productivos más estables y eficientes.
Tecnología, datos y decisiones a nivel de lote
En cuanto a la continuidad en las prácticas adoptadas, el representante de Syngenta, sostuvo: "Trabajar en la regeneración no es sólo en una campaña; es a largo plazo". Y agregó: "La tecnología y la innovación son claves para cerrar la brecha de productividad y hacer que cada hectárea sea más resiliente y productiva".
En ese proceso, la incorporación de herramientas de medición y análisis aparece como una oportunidad concreta para el agro argentino. En definitiva, medir la salud del suelo ya no es sóloEl análisis de suelo ganó centralidad y redefinió la estrategia productiva una práctica técnica, sino una condición cada vez más relevante para sostener la productividad, reducir brechas y avanzar hacia modelos agrícolas que combinen rentabilidad con sustentabilidad.
