Un equipo de investigación del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) junto a la Facultad de Ciencias Agrarias de Balcarce desarrolló un protocolo destinado a estandarizar la medición de la deriva en aplicaciones de fitosanitarios realizadas con drones. La herramienta, basada en estándares internacionales, apunta a generar información fiable que permita optimizar el uso de sistemas aéreos no tripulados en una agricultura cada vez más precisa y segura.
El crecimiento sostenido del uso de drones en el agro -impulsado por su capacidad para operar con precisión, rapidez y en zonas de difícil acceso- puso en evidencia la necesidad de contar con metodologías homogéneas para evaluar su desempeño. En este contexto, la falta de datos estandarizados sobre el potencial de deriva representaba un desafío técnico y regulatorio.
Jorgelina Montoya, investigadora del INTA Anguil (La Pampa), explicó que el objetivo central del protocolo es armonizar la generación de información sobre deriva en aplicaciones con drones. "La propuesta establece lineamientos claros para obtener datos estandarizados, de modo que investigadores, organismos regulatorios y registrantes cuenten con información robusta y comparable", señaló.
"La propuesta establece lineamientos claros para obtener datos estandarizados, de modo que investigadores, organismos regulatorios y registrantes cuenten con información robusta y comparable"
Por su parte, Eduardo Vita Larrieu, de la Estación Experimental INTA Oliveros (Santa Fe), detalló que el procedimiento se basa en la norma internacional ISO 22866:2005, adaptada específicamente para este tipo de tecnologías. "La metodología incorpora además recomendaciones de la UAPASTF y procedimientos de la ASABE S561.1, lo que permite integrar criterios internacionales en ensayos con aeronaves remotamente pilotadas", precisó.
El protocolo establece que los ensayos se realicen en lotes abiertos y nivelados, donde el dron ejecuta pasadas controladas aplicando una solución con trazadores colorantes en lugar de fitosanitarios. Este enfoque permite seguir el comportamiento de las gotas sin alterar las condiciones reales de pulverización.
El protocolo establece que los ensayos se realicen en lotes abiertos y nivelados, donde el dron ejecuta pasadas controladas aplicando una solución con trazadores colorantes en lugar de fitosanitarios.
La medición se realiza en dos niveles: mediante colectores ubicados en el suelo, que registran la deriva sedimentaria, y a través de mástiles verticales con sensores, que capturan la deriva aerotransportada. Esta doble estrategia permite caracterizar de manera integral el desplazamiento de las gotas fuera del objetivo. En esa línea, Pedro Platz, de la Facultad de Ciencias Agrarias de Balcarce, destacó que el protocolo no solo mide la deriva, sino que también permite analizar los factores que la condicionan. "Se evalúan variables como la altura de vuelo, la velocidad de avance del dron y el tamaño de gota, elementos clave para comprender el comportamiento del sistema y optimizar su uso", explicó.
"Se evalúan variables como la altura de vuelo, la velocidad de avance del dron y el tamaño de gota, elementos clave para comprender el comportamiento del sistema y optimizar su uso"
Otro aspecto central es el monitoreo ambiental en tiempo real. El protocolo exige registrar variables como viento, temperatura y humedad durante toda la aplicación. Posteriormente, los colectores son analizados en laboratorio mediante espectrofotometría para cuantificar el producto depositado fuera del área objetivo y establecer la curva de decaimiento de la deriva.
El uso de tarjetas hidrosensibles complementa el estudio, aportando información sobre la calidad de aplicación y la distribución de las gotas. De este modo, el protocolo se posiciona como una herramienta clave para mejorar la eficiencia de las aplicaciones con drones, reducir riesgos ambientales y avanzar hacia prácticas agrícolas más sustentables.
