La chicharrita del maíz volvió a mostrar una expansión significativa, aunque con un patrón heterogéneo, en el último relevamiento de la Red Nacional de Monitoreo. En las regiones NOA, NEA, Litoral y Centro Norte se registró un incremento de capturas, mientras que el Centro Sur mantuvo niveles comparativamente bajos, aunque con un leve aumento respecto de los registros previos.
En el NOA, la situación se endureció. Allí el 85% de las 60 localidades monitoreadas registró presencia del vector y el promedio de capturas en maíz pasó de 64,61 a 105,62 adultos por trampa.
Este dato se debe al predominio de lotes en estadios avanzados, con 37% en vegetativo tardío y 34% en fase reproductiva. En esa región sobresalieron con fuerza Termas de Río Hondo, con 1200 adultos por trampa, y Los Altos, con 890.
En el NEA también se consolidó un fuerte incremento. Allí hubo detecciones en 56 de 60 localidades, equivalente al 93%, y la mitad de los sitios relevados registró más de 50 adultos por trampa.
El promedio regional en lotes de maíz escaló a 97 adultos por trampa, por encima del monitoreo anterior, con focos particularmente intensos en Santiago del Estero. Roversi alcanzó 606 adultos por trampa, Los Juries 593 y Puna 350, todos sobre maíces en estados avanzados.
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Donde el problema pega más fuerte
Si hubo una región que sorprendió por el salto de intensidad, fue el Litoral. Aunque el 40% de las localidades quedó dentro del rango de 1 a 20 adultos por trampa, el promedio regional en maíz trepó hasta 151,35, el valor más alto entre las regiones analizadas.
En esta región el impulso vino desde Entre Ríos, donde las capturas más elevadas se concentraron en puntos puntuales de altísima presión. Villa Mantero registró 1530 adultos por trampa y Colonia Celina 892, a lo que se sumaron otros registros muy altos en Paraná y Santa Elena.
De igual manera en el Centro Norte el 90% de las localidades registró detecciones y el promedio regional subió de 64,97 a 105,21 adultos por trampa. Si bien la categoría dominante fue la de 5 a 20 adultos por trampa, el alza del promedio estuvo influida por capturas extremas como las de Sebastián Elcano, con 1387 adultos por trampa, y San Jerónimo Norte, con 903.
El contrapunto lo aportó el Centro Sur, donde a pesar de que el 97% de las localidades relevadas presenta maíz, el 80% no registró detecciones del vector. En esos casos, el promedio fue de apenas 1,57 chicharritas por trampa, muy lejos de los valores observados en el norte y el litoral del país.
En esta región, los registros más altos se dieron en Marcos Juárez, con 58 capturas por trampa, y Pergamino, con 21. Estos datos confirman que la región sigue bajo una presión sensiblemente menor, aunque ya dejó de estar completamente al margen.
Qué dice la portación del patógeno
El relevamiento también sumó información sobre portación de Corn stunt spiroplasma, para medir riesgo sanitario. En términos generales, los resultados mostraron niveles bajos en las localidades analizadas de NEA, Litoral y Centro Norte.
Sin embargo, en Santiago del Estero hubo una clara excepción. En Colonia Alpina, registró un 33% de individuos portadores, muy por encima del resto de los sitios relevados.
Fuera de ese caso, los valores de portación se mantuvieron moderados, teniendo registros del 10% en el NEA y Centro Norte, mientras que en el Litoral fue de un 3%. Además, el crecimiento del vector no estuvo acompañado por una generalización equivalente en los niveles de portación, aunque la presencia del patógeno obliga a sostener máxima atención.
El informe remarca que el monitoreo de adultos debe sostenerse durante todo el año y que las trampas cromáticas deben complementarse con inspecciones visuales y muestreos con red entomológica. Aunque muchos maíces tardíos ya transitan estadios avanzados y presentan menor susceptibilidad, todavía quedan cultivos en fases sensibles, donde la detección oportuna del vector puede ser decisiva para reducir el riesgo sanitario.
La chicharrita ganó presencia, densidad y alcance territorial en las regiones más comprometidas, con focos especialmente agresivos en Entre Ríos, Santiago del Estero, Catamarca, Córdoba y Santa Fe, mientras que el Centro Sur sigue funcionando como zona de menor presión. Esa combinación marca un escenario donde la presión del vector crece con distinta intensidad según la región, pero ya no puede leerse como un fenómeno aislado.
