Según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario, elaborado por Franco Ramseyer y Emilce Terré, la inversión en las actividades de siembra de los principales cultivos (soja, maíz, trigo, girasol, sorgo y cebada) para la campaña agrícola 2025/26 se proyecta en US$ 13.915 millones.
El cálculo contempla los costos vinculados a la compra de semillas, fertilizantes, agroquímicos, labores y pulverización, abarcando los cultivos extensivos más relevantes. La cifra proyectada se ubica como la tercera más elevada de los últimos diez años, apenas un 0,1% por encima de la campaña pasada y 0,8% arriba del promedio de los últimos cinco ciclos.
En cuanto a la superficie sembrada, se esperan 37,8 millones de hectáreas, el tercer mayor registro histórico. Dentro de la gruesa, se destaca el maíz con 9,7 millones de hectáreas, que permitirían una producción potencial de 61 Mt. Este crecimiento se da en paralelo a una caída interanual del 7% en la soja, que descendería a 16,4 millones de hectáreas. El girasol también muestra un fuerte repunte, con 2,5 millones de hectáreas proyectadas. En la fina, el trigo alcanzaría 6,9 millones de hectáreas, uno de los tres mayores niveles de los últimos 25 años.
El costo promedio por hectárea, según datos de GEA-BCR y Márgenes Agropecuarios, se ubicaría en US$ 532 para maíz temprano, US$ 513 para el tardío, US$ 303 para soja de primera, US$ 263 para la de segunda, US$ 350 para trigo, US$ 315 para girasol, US$ 444 para cebada cervecera, US$ 362 para la forrajera y US$ 284 para sorgo.
La distribución de la inversión total sería la siguiente:
Maíz: US$ 5.042 M
Soja: US$ 4.783 M
Trigo: US$ 2.416 M
Girasol: US$ 787 M
Cebada cervecera: US$ 633 M
Sorgo: US$ 227 M
Cebada forrajera: US$ 27 M
El peso creciente del maíz -un cultivo de alto costo por hectárea- eleva el gasto global, aunque parte de este impacto se ve compensado por una baja en los costos relativos de la soja.
La campaña 2025/26 se encamina a consolidar a la agricultura como un pilar económico central, al tiempo que resalta la necesidad de mecanismos de crédito y cobertura que acompañen la magnitud del esfuerzo productivo de los agricultores
