Rendimiento

El trigo rindió solo la mitad de lo que podría haber producido

Especialistas señalaron que en trigo de secano el rendimiento logrado hoy representa apenas 52% del potencial y remarcaron que la nutrición, la elección del antecesor y el manejo sanitario siguen siendo las principales claves para achicar esa brecha

31 Mar 2026

El trigo volvió a quedar en el centro del debate técnico en Expoagro 2026, donde Miguel Mac Maney y Horacio Repetto, docentes de la UCA. Durante la megamuestra los especialistas pusieron el foco en la distancia entre lo que el cultivo podría rendir y lo que efectivamente termina entregando en el lote. Y ambos plantearon que la discusión ya no pasa solo por crecer en superficie o aprovechar un buen año climático, sino por corregir decisiones de manejo que siguen frenando la productividad.

Mac Maney explicó que en trigo conviven tres escalones productivos: el rendimiento potencial, definido por el ambiente y la estructura del cultivo; el rendimiento alcanzable, condicionado por agua y nutrientes; y el rendimiento logrado, donde pesan con fuerza las limitantes bióticas. Sobre esa base, remarcó que en secano, el rendimiento logrado hoy equivale al 52% del potencial, e indicó: "Esa brecha es la que tenemos que trabajar".

Un objetivo alcanzable

En esa línea Mac Maney sostuvo: "Lo que proponemos es lograr un 80% del rendimiento potencial. Ese es el rendimiento que tendríamos que pensar como técnicos o como asesores". E insistió en que muchas veces no se trata de sumar costos extraordinarios, sino de asignar mejor los recursos desde el arranque del cultivo. Y sentenció: "Usar los recursos potenciales no tiene un costo adicional".

Uno de los puntos centrales de la charla fue que las causas de la brecha no son iguales en todas las regiones, aunque sí se repiten algunos patrones. En la zona núcleo, uno de los principales cuellos de botella sigue siendo la nutrición fosforada. Esa observación va en la misma dirección que distintos relevamientos del INTA, donde advierten que en una amplia superficie de la región pampeana los niveles de P-Bray están por debajo de 15 mg/kg y que la reposición de fósforo viene quedando por debajo de la extracción, lo que deteriora la capacidad productiva del sistema.

Mac Maney también marcó que el problema no se agota en el fósforo, ya que: "Los factores que limitan los rendimientos están en la mayoría de las regiones. Principalmente faltan niveles de aplicación de dosis de fertilizantes". Esa observación encuentra respaldo en la información técnica que viene generando el INTA, donde señaló que un manejo adecuado del nitrógeno en cereales de invierno permite mejorar simultáneamente rendimiento y calidad.

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La incidencia del clima

De acuerdo con el especialista en el último ciclo "las lluvias permitieron esos rendimientos extraordinarios, de 40,10 quintales por hectárea"."Pero además hubo una máxima intercepción de radiación por el cultivo antes y durante el período crítico, así como temperaturas moderadas durante el mismo. Tampoco hubo heladas ni fusarium durante la floración, ni temperaturas altas en llenado".

Sin embargo, los altos rindes no siempre se tradujeron en un resultado agronómico completo. Durante la exposición, Mac Maney advirtió que puede haber lotes con gran producción de grano pero con proteínas bajas por dilución del nitrógeno absorbido, un fenómeno clave para la calidad comercial e industrial del trigo. En esa línea sostuvo que tener 10% de proteína indica que el lote quedó por debajo de su verdadero potencial.

El futuro en manos del manejo

"En general, fertilizamos poco, no elegimos los antecesores adecuados y el uso de fungicidas sigue siendo poco común. Todo eso junto, con otros factores, hace que perdamos rendimiento", resumió Mac Maney. El señalamiento no es menor para sistemas productivos en los que la rotación, la disponibilidad de nutrientes y el monitoreo sanitario condicionan buena parte del resultado final, especialmente en campañas con alto potencial donde cualquier descuido recorta kilos que después son difíciles de recuperar.

En este escenario, los especialistas propusieron profesionalizar aún más la toma de decisiones. Entre las herramientas mencionadas estuvieron el uso de modelos como Triguero 2.0 de CREA-FAUBA para ajustar la fertilización nitrogenada, la aplicación de criterios de suficiencia y mantenimiento en fósforo, la consulta de materiales en cultivaresargentinos.com, la definición de fechas de siembra con el Modelo Cronos y un monitoreo sanitario constante para decidir a tiempo la eventual necesidad de fungicidas.

El trigo argentino ya demostró que puede romper techos cuando el clima acompaña, pero para sostener y generalizar esos resultados el salto pendiente sigue estando en el manejo. No se trata solo de un mejor aprovechamiento de los recursos, sino también del cuidado de la tierra como materia prima a largo plazo. 

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