El otro agro

Las economías regionales recuperaron exportaciones, pero profundizaron sus brechas

Los envíos volvieron a niveles cercanos a los de 2013, aunque el avance fue desigual. El vino fraccionado y la manzana quedaron entre las actividades más comprometidas

25 Ago 2026

El repunte se produjo en un escenario adverso, marcado por un dólar menos competitivo y valores internacionales debilitados. De acuerdo al último informe elaborado por el Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL), durante el primer semestre de 2026, las cotizaciones promedio se ubicaron, en términos reales, aproximadamente un tercio por debajo de las registradas trece años atrás.

Además, muchos de los productos provenientes de las economías regionales no funcionan como commodities, ya que presentan diferencias de calidad, variedades, destinos y grados de diferenciación. Por esas características, su rentabilidad está particularmente condicionada por las cotizaciones externas y el tipo de cambio real.

Durante buena parte de la primera década de los 2000, estas cadenas contaron con un contexto más beneficioso. En 2007, el dólar equivalía a más de $2.500 a precios actuales y, al mismo tiempo, los ingresos obtenidos en los mercados internacionales tendían a crecer.

La situación cambió en los últimos años debido al menor dinamismo de la demanda mundial, especialmente de China, junto con una oferta más abundante y el avance de nuevos competidores. En este contexto, también influyeron las modificaciones en la composición de los embarques, orientados en algunos casos hacia destinos o mercaderías de menor valor.

La sorpresa estuvo en los volúmenes

Pese a esas dificultades, las cantidades comercializadas en el exterior se recuperaron con fuerza luego del retroceso atravesado durante buena parte de la década pasada. En la primera mitad del año alcanzaron un nivel muy próximo al observado en 2013, aunque con diferencias marcadas entre los distintos complejos.

Detrás de esta mejora podrían encontrarse inversiones realizadas años atrás, avances de productividad, la apertura de destinos y una mayor inserción comercial. Algunas producciones también aprovecharon problemas climáticos que redujeron temporalmente la disponibilidad en otros países y abrieron oportunidades en determinados mercados.

Sin embargo, vender más no necesariamente significó obtener una mayor rentabilidad. Las empresas pueden sostener o incrementar su actividad durante un tiempo mediante el uso de plantaciones y capacidad instalada, aun cuando sus márgenes se hayan reducido.

El vino fraccionado y la manzana mostraron una combinación especialmente delicada, con menores volúmenes despachados y precios reales débiles. Cuando ese deterioro se prolonga, sus efectos avanzan hacia los primeros eslabones y disminuyen los valores recibidos por la materia prima.

En la vitivinicultura, por ejemplo, una bodega puede intentar compensar la pérdida de margen pagando menos por la uva. En las actividades frutícolas ocurre un proceso similar y, si la falta de rentabilidad persiste, se frenan las inversiones y comienza a reducirse el área destinada a la producción.

La productividad ganó protagonismo

Hacia adelante, no se espera que una mejora sustancial del tipo de cambio recomponga la competitividad en el corto plazo. Algunas cotizaciones comenzaron a recuperarse, pero esa evolución podría responder a problemas puntuales de cosecha en países competidores y revertirse cuando su oferta vuelva a normalizarse.

De acuerdo con el análisis del IERAL, el futuro de estas actividades dependerá cada vez más de la eficiencia, la estructura de costos, la diferenciación y la capacidad para conquistar destinos. El aumento de las ventas externas aportó una señal positiva, pero también dejó expuesta una realidad heterogénea, en la que algunas cadenas lograron adaptarse y otras ya enfrentan una contracción de su capacidad productiva.

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