La cantidad de perros en el país mostró un marcado avance durante los últimos años. El Anuario Estadístico de Pet Food había contabilizado 13,62 millones de ejemplares en 2024, mientras que estimaciones del Kennel Club Argentino difundidas en 2026 elevaron esa cifra a 16 millones.
A su vez, cálculos de Triplethree International indicaron que en la Argentina conviven más de 19 millones de perros y gatos. Esta presencia modificó las demandas de los hogares y se reflejó en la actividad fabril, ya que durante 2025, las compañías nucleadas en la Cámara Argentina de Empresas de Nutrición Animal (CAENA) elaboraron casi 600.000 toneladas de comida destinada a caninos.
En el marco del Día Mundial del Perro, que se celebra cada 26 de agosto, CAENA puso en marcha una campaña para derribar mitos y explicar por qué la dieta debe adecuarse a las características particulares de cada animal. En esta línea, advirtieron que no existe una única alternativa adecuada para todos los ejemplares y que la elección depende de la edad, la etapa de vida, el tamaño, la raza, la condición corporal y el nivel de actividad física.
Por ejemplo, un cachorro en crecimiento necesita un equilibrio de nutrientes diferente al de un adulto o un senior. Del mismo modo, las razas pequeñas y gigantes no procesan la energía de igual manera, mientras que los animales sedentarios requieren menos calorías que aquellos con una rutina intensa. También deben contemplarse las exigencias físicas y cognitivas de los perros de asistencia, junto con particularidades individuales como alergias, sensibilidades digestivas o trastornos metabólicos previos.
Entre las equivocaciones frecuentes dentro del hogar apareció el cálculo de la porción "a ojo". La sobrealimentación también representó un riesgo, especialmente cuando no se consideraron las calorías aportadas por premios y golosinas. Ante la incorporación de extras, la recomendación fue reducir la ración principal.
El proceso comenzó antes de llegar al plato
La elaboración de un producto de calidad involucró controles en cada eslabón de la cadena. El procedimiento abarcó la evaluación de proveedores, la recepción de materias primas, los análisis de laboratorio y el diseño del balance nutricional.
Según explicó la Cámara, la consistencia del resultado final dependió de una auditoría integral de esos procesos. Ese seguimiento permitió atender aspectos técnicos que no son percibidos por las mascotas, pero resultan centrales para ofrecer una alimentación segura.
