Ganadería

La faena cayó y arrastró el consumo de carne vacuna en la Argentina

La faena bovina retrocedió alrededor de 12% durante los primeros ocho meses del año, mientras la disponibilidad por habitante descendió de 51 a aproximadamente 46 kilos

21 Ago 2026

La contracción registrada en el mercado interno respondió principalmente a una reducción de la hacienda disponible y no a una pérdida aislada de demanda. Así lo explicó el vicepresidente de la Federación de Industrias Frigoríficas Regionales Argentinas (FIFRA) y de la Unión Industrial Argentina (UIA), Daniel Urcía al analizar el escenario que atravesó la cadena durante 2026.

Según el dirigente, la evolución de ambos indicadores mostró una relación directa, mientras la cantidad de ejemplares enviados a frigoríficos cayó cerca de 12%, la ingesta aparente disminuyó en una proporción cercana al 10%. Pese a ese retroceso, el promedio argentino continuó siendo el más alto del mundo.

El año pasado, la demanda doméstica había alcanzado los 51 kilos anuales por persona. En el último registro disponible, se ubicó en torno a los 46 kilos, una diferencia que acompañó la merma observada en la actividad industrial.

Para Urcía, la principal explicación estuvo en el comportamiento del rodeo nacional. Los analistas señalaron que las existencias ganaderas estarían atravesando un proceso de retención y crecimiento, una lectura respaldada por la menor participación de las hembras dentro de la matanza.

Las otras proteínas ganaron terreno

La reducción de la disponibilidad vacuna ocurrió dentro de una canasta cada vez más diversificada. El crecimiento sostenido de la producción porcina durante los últimos 15 años permitió que esa proteína ampliara considerablemente su presencia en las mesas argentinas.

El cerdo se convirtió así en una alternativa competitiva, principalmente por su diferencia de precio frente al pollo. En conjunto, las distintas carnes continuaron abasteciendo normalmente el mercado local y disputaron las decisiones de compra de acuerdo con su valor y existencia.

Por su parte, la distribución entre ventas externas y plaza doméstica permaneció estable en términos generales. Desde FIFRA aclararon que las variaciones mensuales entre ambos destinos estuvieron asociadas, en buena medida, con la dinámica comercial internacional y no necesariamente con un desplazamiento del público argentino.

Mercados externos bajo nuevas condiciones

Durante este año, el comercio mundial estuvo condicionado por cupos, particularmente en China y Estados Unidos. Un incremento puntual de los embarques pudo responder a la posibilidad de aprovechar beneficios arancelarios, circunstancia que también incidió en la fórmula utilizada para calcular el consumo aparente.

Ante ese panorama, Urcía consideró indispensable renovar y ampliar la cuota asignada a la Argentina en el mercado estadounidense. En septiembre, unas 15 empresas participarán de una misión comercial que incluirá visitas a Miami, Dallas y Houston para consolidar la presencia nacional en ese destino.

La agenda continuará en octubre con la participación en SIAL París, una de las principales ferias alimentarias de Europa. En noviembre, el sector cerrará el calendario anual en la Exposición Internacional de Importaciones de China (CIIE), país que constituye el mayor comprador por volumen.

Impuestos y competencia, los otros desafíos

El vicepresidente de FIFRA planteó la necesidad de recuperar competitividad y eliminar cargas como las guías de traslado vinculadas con las leyes de marcas y señales, que en numerosos casos ocasionan costos y trámites innecesarios. También advirtió sobre la incidencia fiscal en los mostradores, ya que los impuestos y las tasas nacionales, provinciales y municipales representaron alrededor del 28% del precio final pagado por el público.

A esa carga se sumaron la competencia desleal y la ausencia de condiciones sanitarias homogéneas. Por ese motivo, el sector reclamó avanzar hacia un estándar básico que ordene la actividad y establezca exigencias equivalentes entre los operadores.

Con una producción reconocida, compradores internacionales interesados y una población históricamente ligada a este alimento, el reto pasó por construir un marco que impulse la eficiencia y eleve el volumen generado. La recuperación no dependerá únicamente del comportamiento de los hogares, sino también de que toda la cadena encuentre incentivos para expandirse y aprovechar las oportunidades comerciales disponibles. 

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