A diferencia de los pronósticos iniciales, el intercambio mundial de bienes no se contrajo tras las medidas impulsadas por Donald Trump. Por el contrario, alcanzó los USD 26,3 billones y avanzó 6,7%, casi tres veces más que el incremento registrado durante 2024.
En medio de esa transformación, la Argentina profundizó su inserción externa sin resignar sus vínculos con las dos principales potencias. Durante 2025, las exportaciones totales aumentaron 9,3% y las importaciones, 24,7%, ambos registros por encima del promedio internacional.
A pesar del alineamiento político del Gobierno Nacional con las democracias occidentales y, particularmente, con Washington, el intercambio con ambos mercados mostró un marcado crecimiento frente al año anterior. Tal es así que China y Estados Unidos ocuparon el segundo y tercer lugar (respectivamente) como socios comerciales de la Argentina, solo por debajo de Brasil.
El avance más destacado se produjo en el destino asiático, hacia donde los envíos argentinos subieron casi 54%. Según la Fundación INAI, parte de ese salto podría explicarse por el desacople entre Beijing y la administración norteamericana, que abrió espacio para mayores colocaciones de soja, carne bovina y sorgo.
El origen del conflicto
El 2 de abril de 2025, durante el denominado "Día de la Liberación", Washington anunció sobretasas de entre 10% y 50%. La decisión buscaba revertir lo que consideraba una relación desigual con sus socios y reducir un déficit comercial estimado entonces en USD 1,3 billones anuales.
El porcentaje aplicado a cada mercado se definió de acuerdo con el saldo bilateral estadounidense y con las barreras que esos países imponían a los productos provenientes de Estados Unidos. Junto con los objetivos económicos, la iniciativa apuntó a generar nuevos alineamientos en un escenario de creciente competencia con China.
En abril de ese año, la Organización Mundial del Comercio proyectó que el intercambio global podría contraerse entre 0,2% y 1,5%, según la evolución de la escalada arancelaria. Sin embargo, estos pronósticos no se cumplieron, ya que todas las regiones incrementaron sus exportaciones con la excepción de la Comunidad de Estados Independientes, que registró una baja de 3% por el retroceso de los despachos rusos asociado a las sanciones derivadas de la invasión a Ucrania.
Además, la estrategia no consiguió corregir esos desequilibrios. Ya que tras esta decisión, las importaciones estadounidenses aumentaron 4,4% y el saldo negativo se amplió 2%, mientras el país conservó su posición como principal comprador mundial.
China sostuvo su avance en un nuevo mapa comercial
Beijing tampoco perdió peso en el escenario internacional, ya que logró que sus exportaciones crecieran 5,5% y el superávit se expandió 20%. Así, el gigante asiático profundizó su liderazgo como mayor proveedor global.
El cambio más marcado ocurrió en la relación directa entre ambas economías, ya que los despachos norteamericanos hacia territorio chino cayeron 26%, con una baja de 75% en soja, mientras que los embarques en sentido contrario disminuyeron 29%. Entre los rubros más afectados también estuvieron las computadoras portátiles, los teléfonos inteligentes, los acumuladores de litio, los automóviles y el propano.
El espacio dejado por esa retracción comenzó a ser ocupado por terceros países como Vietnam, India, Taiwán, Corea del Sur, México y Tailandia que ampliaron sus operaciones con alguno de los dos grandes polos económicos. En este sentido, el INAI advirtió que estos movimientos podrían responder tanto a desvíos como a eventuales triangulaciones destinadas a evitar las sobretasas.
Salvo China, la mayoría de los gobiernos evitó la confrontación y negoció acuerdos de reciprocidad con Estados Unidos, que incluyeron rebajas arancelarias, compromisos de compra y cooperación en seguridad nacional y minerales críticos. Así, la disputa no destruyó los flujos internacionales, sino que modificó sus destinos y generó nuevas posibilidades para la oferta agroindustrial argentina.
